Cambiar la sangre de una persona en pequeñas cantidades sustituyéndola por una de un donante para evitar alguna patología. Se utiliza especialmente para la transfusión del feto o del recién nacido, para tratar la eritroblastosis fetal, eliminando los anticuerpos Rh y AB0 y los eritrocitos lisados (glóbulos rojos rotos) y sustituyéndolos por sangre sin incompatibilidades y capaz de transportar eficazmente el oxígeno.


Este artículo fue modificado por última vez  15.03.2009