También conocido como: dependencia al alcohol

¿En qué consiste?

Los problemas que pueden asociarse al consumo de alcohol son diversos, desde problemas debidos a un consumo ocasional hasta los relacionados con el abuso de alcohol y el alcoholismo. El alcoholismo, también conocido como dependencia alcohólica, puede considerarse como una enfermedad crónica primaria, en la que intervienen factores genéticos, psicosociales y ambientales, que contribuyen a su desarrollo y a sus manifestaciones. A menudo es una situación progresiva y fatal para el individuo. Según el National Institute on Alcohol Abuse and Alcoholism (NIAAA) las personas afectadas por esta enfermedad presentan:

  • Dependencia física - síndrome de abstinencia, con la aparición de náuseas, sudoración, agitación y ansiedad cuando se deja de beber
  • Tolerancia - necesidad de beber cantidades cada vez más importantes de alcohol para conseguir los mismos efectos
  • Necesidad imperiosa de consumo de alcohol - urgencia para beber alcohol
  • Pérdida del control - imposibilidad de poner fin al consumo de alcohol una vez se ha empezado a beber

Según los Centers for Disease Control and Prevention (CDC), el consumo abusivo de alcohol se asocia a situaciones problemáticas como incapacidad para cumplir con las tareas importantes en el trabajo, escuela o domicilio particular, y/o a problemas legales recurrentes, como arrestos por conducción bajo los efectos del alcohol.

Fuente del NIAAA estiman que aproximadamente un 20% de los individuos que acuden a las consultas médicas refiere beber de manera peligrosa o a unos niveles que suponen un riesgo para la salud.

El NIAAA establece el riesgo de consumo de alcohol mediante unos patrones estándar de consumo diario o semanal; así, una bebida estándar equivale a 400 mL de cerveza, 165 mL de vino o 50 mL de licores de alta graduación. En los hombres la conducta de riesgo se alcanza con 4 ó más bebidas estándar por día o bien con 14 ó más por semana, mientras que en mujeres el equivalente sería de 3 ó más por día o bien 7 ó más por semana.

Si bien el consumo de alcohol es una condición necesaria (por definición) para desarrollar alcoholismo, el consumo de alcohol no puede predecir por sí mismo si se desarrollará alcoholismo o no. La cantidad, frecuencia y regularidad en el consumo de alcohol necesarios para desarrollar alcoholismo varía ampliamente de persona a persona. La respuesta de una persona al alcohol puede variar en función de la edad, el peso, la talla, el estado de salud y de la toma de medicamentos. En algunos individuos, incluso cantidades menores de alcohol pueden ya originar problemas graves de salud. Como no se conoce un nivel de consumo de alcohol que sea totalmente seguro en embarazadas, se recomienda a todas aquellas mujeres que prevean concebir un hijo o que ya estén embarazadas que se abstengan de beber bebidas alcohólicas.

Riesgos para la salud a largo plazo

Según los CDC, los principales riesgos para la salud que conlleva el consumo de alcohol incluyen:

  • Trastornos neurológicos, como demencia, accidente vascular cerebral, neuropatías
  • Problemas cardiovasculares, como infarto agudo de miocardio, aumento del tamaño del corazón que además se debilita o pierde fuerza, arritmias e hipertensión
  • Trastornos psiquiátricos como depresión, ansiedad y suicidio
  • Cáncer de la boca, garganta, esófago, hígado, colon y mama; normalmente, a mayor consumo mayor riesgo
  • Enfermedades hepáticas como hepatitis (inflamación) alcohólica y cirrosis (fibrosis, cicatrización), que constituyen una causa importante de muerte
  • Enfermedades del tracto gastrointestinal, como pancreatitis y gastritis.

El hecho de haber contraido la infección por el virus de la hepatitis C y de consumir alcohol reduce la función hepática e interfiere con el tratamiento prescrito para combatir esta infección. Además, si coexisten ambas condiciones (hepatitis C y consumo de alcohol) es más probable que la afectación hepática progrese a cirrosis y acabe causando la muerte de la persona en cuestión.

Las mujeres tienden a ser más sensibles a los efectos del alcohol y pueden desarrollar problemas asociados al consumo de alcohol antes que los varones, incluso consumiendo menos alcohol que los varones. El consumo de alcohol en embarazadas puede ocasionar abortos, muerte fetal, parto prematuro, bajo peso al nacer y otros problemas en el recién nacido, como la presencia de anomalías faciales, malformación de órganos (cerebro y corazón), trastornos en el desarrollo (crecimiento) y problemas de la vista y la audición. Las lesiones cerebrales en el hijo debidas al consumo de alcohol por la madre pueden resultar en trastornos de la conducta, retraso del habla y del lenguaje y discapacidades del aprendizaje.

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Este artículo fue modificado por última vez  26.07.2014