Asma
¿En qué consiste?
El asma es una enfermedad inflamatoria crónica que se caracteriza por la constricción reversible, o parcialmente reversible, de las vías aéreas (bronquios). Los bronquios son conductos musculares que conducen el aire a través de los pulmones, llegando hasta las vías respiratorias más pequeñas llamadas bronquiolos. Cuando se sufre asma, las paredes de las vias respiratorias se inflaman y se hinchan. Esta reacción dificulta el paso del aire, lo que puede causar la aparición de sibilancias (sonido de la respiración fatigosa), dificultad respiratoria, o tos. Los episodios o ataques agudos de asma aumentan este efecto constrictor de la musculatura de los bronquios, y producen cantidades excesivas de moco. El diámetro del bronquio puede disminuir hasta tal punto que la cantidad de aire que puede pasar es mínima. Esto provoca que la persona afectada, además de presentar tos y sibilancias, sienta una fuerte presión en el pecho, así como una gran dificultad para respirar. Aunque no se conoce exactamente la causa que los desencadena, los ataques de asma pueden tener lugar en cualquier momento, pero son más frecuentes durante la noche y la mañana. Si estos ataques son graves, pueden llegar a poner en peligro la vida del individuo, generalmente requiriendo atención médica inmediata.
Aproximadamente un 5% de adultos padece asma. En los niños, el asma es una de las enfermedades crónicas más frecuentes. Antes de la pubertad, la incidencia es mayor en niños que en niñas. Después de esta etapa, la situación se invierte. Su prevalencia es superior en áreas urbanas que en áreas rurales, así como en ascendencia africana e hispana que en los caucásicos. Actualmente, aunque el asma no se puede prevenir ni curar, es una enfermedad controlable, y la mayoría de la gente que la padece puede llevar una vida activa y prácticamente con total normalidad.
El asma se divide en cuatro categorías, en función de la gravedad y frecuencia de los síntomas: 1) leve intermitente, 2) leve persistente, 3) moderada persistente y, 4) grave persistente. Aquellos individuos con asma de tipo leve intermitente generalmente sólo presentan episodios de forma esporádica, sin presentar síntomas en ningún otro momento. A su vez, aquellos sujetos con asma de tipo grave persistente generalmente necesitan tomar, diariamente, varios fármacos para poder controlar la enfermedad.
La causa exacta del asma es desconocida, pero se sabe que se trata de una compleja interacción de diferentes factores. Los factores desencadenanates de los ataques de asma son ligeramente diferentes para cada persona. Aunque no todas, muchas personas que padecen asma también son alérgicas a otras sustancias específicas. En estas personas, los ataques de asma pueden ser desencadenados por los alergenos a los que son sensibles. Los bronquios reaccionan de manera exagerada a los alergenos en suspensión que se encuentran en el aire del hogar, del lugar de trabajo y en el medio ambiente, como el polen, la contaminación, el moho, los ácaros del polvo, pelos o piel de animales, las cucarachas y los humos. Los episodios de asma también pueden estar causados por estrés, respuestas emocionales fuertes (risa, llanto e ira), ejercicio, y la exposición a aire frío. En algunas personas, los beta-bloqueantes, el ácido acetilsalicílico, los sulfitos presentes en el vino y en los frutos secos, y las infecciones, también pueden desencadenar episodios de asma.
Otras enfermedades pulmonares y estados fisiológicos pueden tener síntomas similares al asma, coexistir con él, y/o exacerbarlo. Así la enfermedad por reflujo gastroesofágico puede desencadenar o empeorar dichos episodios.
Guía del asma
En Agosto del 2007, el National Asthma Education and Prevention Program (NAEPP) del National Heart, Lung, and Blood Institute (NHLBI) publicó un informe (Informe 3 del Grupo de Expertos: Guía para el diagnóstico y tratamiento del asma). Estas directrices actualizadas están destinadas a ser una ayuda en el diagnóstico y seguimiento de los pacientes con asma. Se centran en la evaluación y el seguimiento de la enfermedad, la educación de los pacientes e impulsar la participación en el control de su enfermedad, controlando los factores medioambientales que pueden desencadenar o exacerbar los ataques de asma, así como el uso de medicamentos adecuados. Además, recomiendan la evaluación de la discapacidad que provoca en el paciente, así como el riesgo de la aparición de efectos secundarios, el agravamiento de la enfermedad, y la pérdida de función pulmonar.








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