¿En qué consiste?

Se conoce por agentes de bioterrorismo a materiales biológicos como bacterias, virus, hongos o toxinas que se utilizan deliberadamente para atentar contra la salud o matar. Pueden ser usados por terroristas tanto por el impacto psicológico que tienen sobre la población como por el hecho de que pueden causar la muerte; además son de fácil distribución y difíciles de detectar. Los agentes de bioterrorismo se han utilizado en acciones militares o bélicas durante miles de años. Ello ha supuesto la inmersión de flechas en toxinas, alimentos venenosos o en canalizaciones de agua, propagando así de forma deliberada infecciones mortales. Los agentes de bioterrorismo pueden propagarse mediante la ingestión de alimentos, bebiendo agua o por dispersión en el aire; también se han introducido en los cultivos y cosechas y en el ganado, e incluso por correo postal como ocurrió en el año 2001.

Muchos de los agentes de bioterrorismo son sustancias naturales o microorganismos que normalmente ocasionan un número reducido de muertes por año o en cada brote periódico. Suelen penetrar en el organismo por inhalación, por ingestión, por contacto directo con mucosas de ojos y nariz o por cortes o lesiones de la piel. Los agentes pueden ser manipulados previamente a ser usados como arma: se pueden concentrar, aerosolizar (se facilita su dispersión), potenciar su capacidad infectiva y/o hacerlos más resistentes a posibles tratamientos. Algunos agentes causan infecciones que se transmiten fácilmente de persona a persona y deben contenerse rápidamente, mientras que otros como el ántrax afectan típicamente a la persona que ha estado expuesta a ellos, aunque pueden causar la muerte si no se instaura un tratamiento con rapidez.

Los Centers for Disease Control and Prevention (CDC) clasifican los agentes de bioterrorismo en función del riesgo que suponen para la población. Se incluyen en la categoría A aquéllos que son de máximo riesgo ya que se diseminan fácilmente y pueden asociarse a mortalidad elevada. En la categoría B están clasificados los agentes que suponen un riesgo moderado para la población. Estos agentes pueden propagarse con relativa facilidad pudiendo ocasionar enfermedades, aunque en grado moderado y con tasas de mortalidad normalmente bajas. Los agentes clasificados en la categoría C incluyen patógenos emergentes que requieren vigilancia ya que podrían ser manipulados y usados como armas biológicas; son de fácil obtención y presentan el potencial de causar un gran impacto.

Ejemplos de categorías para algunos agentes, definidos según CDC:

Categoría Enfermedad Agente Tipo
A Ántrax Bacillus anthracis Bacteria
A Botulismo Toxina del Clostridium botulinum Toxina bacteriana
A Plaga, Neumonía Yersinia pestis Bacteria
A Viruela Variola major Virus
A Tularemia Francisella tularensis Bacteria
A Fiebres hemorrágicas víricas Arenavirus (Lassa, Machupo)
Bunyavirus (Congo-Crimean, Rift Valley)
Filovirus (Ebola, Marburg)
Virus
B Brucelosis Brucella sp Bacteria
B Fiebre Q Coxiella burnetti Bacteria
B Psitacosis Chlamydia psittaci Bacteria
B Tifus Rickettsia prowazekii Bacteria
B Amenazas para los alimentos Salmonella, Shigella, Escherichi coli o157:H7 Bacterias
B Muermo Burkholderia mallei Bacteria
B Melioidosis Burkholderia pseudomallei Bacteria
B Amenazas para el agua

Cryptosporidium parvum, Vibrio cholerae

Parásito, bacteria
B Ricina (toxina) del Ricinus communis Toxina del Ricino
B Encefalitis vírica Encefalitis equina oriental, Encefalitis equina occidental, Encefalitis equina venezolana Virus

 

(Si desea más información acerca de agentes de bioterrorismo, acceda a este enlace).

Otros agentes de índole química o radioactiva pueden también ser utilizados con finalidades bioterroristas. Los CDC clasifican los agentes químicos según su actividad sobre la piel, pulmones, tracto gastrointestinal y sistema nervioso. Un caso conocido de utilización de agentes químicos por un grupo terrorista ocurrió en 1994 y 1995 en Japón, donde se liberó al aire gas sarín (efectos sobre el sistema nervioso) en Matsumoto y Tokyo, provocando 19 muertes y miles de hospitalizaciones y tratamientos ambulatorios.

Los agentes radioactivos son incoloros, inodoros e invisibles. La contaminación de alimentos, agua u objetos diversos puede ser perjudicial para la salud e incluso producir la muerte en humanos y animales, además de ser muy difícil de detectar. Los síntomas derivados de una exposición radioactiva son variados e incluyen náuseas, vómitos, diarreas y, en función del grado de exposición, sangrados gingivales (encías), nasales, hematomas y caída del cabello. La exposición a agentes radioactivos puede ser consecuencia de su ingestión, inhalación o contaminación de una herida abierta. Un ejemplo de agente radioactivo es el polonio 210, que fue el causante del fallecimiento del disidente soviético Alexander Litvinenko en el año 2006.

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Este artículo fue modificado por última vez  07.03.2012