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Estados fisiológicos y enfermedades
Revisión general

Trastornos de la médula ósea

¿En qué consiste? 
   La médula ósea es un tejido blando localizado en el interior de huesos del organismo, como el esternón (en la línea media de la caja torácica), la pelvis (hueso de la cadera) y el fémur (hueso del muslo). En la médula ósea, el tejido fibroso da soporte a las células progenitoras, que son células primitivas indiferenciadas de gran tamaño. En función de las necesidades, las células progenitoras se diferencian para dar lugar a un tipo concreto de célula sanguínea - célula o glóbulo blanco, célula o glóbulo rojo, o plaquetas-. Tan sólo las células maduras son liberadas desde la médula ósea hacia el torrente circulatorio.

   Cualquier situación o enfermedad que dé lugar a una alteración en la producción de alguna de las células maduras de la sangre o de sus precursores (formas inmaduras) puede ocasionar un trastorno de la médula ósea. Pueden suceder varios fenómenos:

  • sobreproducción de un tipo de célula: ésta se multiplica descontroladamente al tiempo que hace disminuir la producción de los otros tipos celulares.
  • producción de células anómalas que no maduran o funcionan correctamente.
  • compresión celular causada por un sobrecrecimiento del tejido fibroso de soporte, resultando en la aparición de células con morfología alterada y en número reducido.
  • una línea celular predomina sobre las otras porque las células no mueren cuando lo tienen programado.
  • producción disminuida de células o pérdida acelerada de las mismas debido a que son frágiles.
  • falta de hierro para fabricar células rojas sanguíneas normales; pueden ser microcíticas (más pequeñas de lo habitual).
  • linfomas y otros cánceres que se propagan por la médula ósea, repercutiendo sobre los procesos de producción y maduración celular.

Tipos de células  
   Células blancas sanguíneas o leucocitos
   Existen cinco tipos distintos de células blancas de la sangre: linfocitos, neutrófilos, eosinófilos, basófilos y monocitos. Cada una de ellas juega un papel distinto en la protección del organismo frente a infecciones. Los neutrófilos, basófilos y eosinófilos matan y digieren la bacteria. En conjunto se les conoce como mielocitos o granulocitos por las granulaciones que presentan en el interior celular. Los monocitos tambíén pueden ingerir bacterias; se producen más rápidamente que los mielocitos y además suelen vivir más tiempo. Los linfocitos se encuentran en la sangre y en el sistema linfático. Existen dos tipos principales de linfocitos, los de tipo T (o células T) y los de tipo B (o células B). Las células T, que completan su proceso de maduración en una glándula llamada timo, permiten que el organismo pueda distinguir entre estructuras o agentes propios y extraños. Las células B producen anticuerpos, proteínas que se fijan a antígenos específicos. 

   Células rojas sanguíneas o hematíes 
   Los hematíes utilizan hierro (en forma de hemoglobina) para transportar oxígeno por todo el organismo. 

   Plaquetas o trombocitos
   Las plaquetas son en realidad fragmentos de unas células llamadas megacariocitos. Durante el proceso normal de la coagulación, el organismo se sirve de las plaquetas para tapar orificios y lesiones en los vasos sanguíneos afectados.

Tipos de trastornos 
   Leucemia: cáncer de las células blancas que puede afectar a cualquiera de los cinco tipos de leucocitos. Empieza por la replicación anómala de una sola célula dando lugar a una descendencia de células idénticas entre ellas (clon). El clon resultante de células leucémicas no funciona adecuadamente. Estas células no son capaces de combatir las infecciones y a medida que van creciendo, inhiben la producción del resto de leucocitos, hematíes y plaquetas. Los pacientes con leucemia pueden presentar infecciones frecuentes, fatiga, hematomas, sangrados, anemia, sudoraciones nocturnas y dolores óseos y articulares. El bazo, que filtra la sangre y se libera de las células envejecidas, puede aumentar de tamaño igual que el hígado y los ganglios linfáticos.

   Trastornos mieloproliferativos: constituyen un grupo de cuatro enfermedades localizadas en la médula ósea y caracterizadas por la producción exagerada de un precursor (forma inmadura) de una célula de origen medular. En condiciones normales, cuando se requiere un tipo particular de célula sanguínea, las células precursoras indiferenciadas de la médula ósea empiezan a modificarse, transformándose en las formas blásticas inmaduras del tipo celular necesario en cuestión. Estos blastos maduran transformándose en alguno de los cinco tipos de leucocitos, en hematíes o en plaquetas. Dado que la médula ósea tan sólo libera hacia la sangre las células totalmente maduras, se suele encontrar en médula ósea una mezcla de células en distintas etapas de maduración. 

   En los síndomes mieloproliferativos, la producción excesiva de un precursor celular conduce a un aumento de ese tipo de célula madura y normalmente a una disminución del número del resto de células sanguíneas (que pueden resultar inhibidas y desplazadas totalmente por las células que proliferan). Todo ello resulta en una serie de síntomas sistémicos (afectan a todo el organismo) relacionados con la sobreproducción o deficiencia o disfunción de distintos tipos celulares. 

   Síndromes mielodisplásicos (SMD): grupo de enfermedades caracterizadas por una producción anómala de células de la médula ósea. Un aspecto común de los SMD es que no se produce una cantidad suficiente de células sanguíneas normales. Esto da lugar a anemia, infecciones, y hematomas y sangrados. Los SMD se clasifican en función del aspecto que toman las células sanguíneas y de la médula ósea cuando se observan por el microscopio. Se habla de anemias refractarias, leucemia mielocítica crónica Ph-negativa (cromosoma Philadelphia), leucemia mielomonocítica crónica y metaplasia mieloide agnogénica. Con el tiempo, los SMD tienden a evolucionar a leucemia mieloide aguda.

   Anemia aplástica: se asocia a una pérdida de precursores celulares (normalmente de hematíes), debido a una alteración de la célula progenitora que los produce o debido a una lesión en la médula ósea. Algunas anemias aplásticas se deben a exposición a sustancias químicas como el benceno, o a radiaciones o incluso a fármacos. Algunas pocas se deben a anomalías congénitas raras (como la anemia de Fanconi), o se asocian a enfermedades víricas agudas (como por parvovirus humanos), aunque en más de la mitad de los casos se desconoce la causa.

   Otros trastornos:

  • Trastornos de las células plasmáticas: conjunto de situaciones asociadas a una producción aumentada de un clon de linfocitos B y del anticuerpo (proteínas) fabricado por los mismos.
  • Linfomas y otros cánceres que se propagan por la médula ósea y afectan a la producción celular.
  • Anemias causadas por deficiencias (por ejemplo de hierro) resultando en anomalías de la morfología y tamaño de los hematíes.
  • Anemias causadas por una deficiencia o disfunción de eritropoyetina (una sustancia producida por los riñones con capacidad para estimular la producción de hematíes).

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Este artículo fue modificado por última vez 13-01-2008