¿Qué es la médula ósea?

La médula ósea es el tejido del organismo responsable de la producción de las células de la serie roja de la sangre, de las de la serie blanca y de las plaquetas. Es un tejido blando que se localiza en el interior de huesos como el esternón (en la línea media de la caja torácica), la pelvis (hueso de la cadera) y el fémur (hueso del muslo). En la médula ósea, el tejido fibroso da soporte a las células progenitoras o células madre hematopoyéticas. Estas células son células indiferenciadas que pueden producir cualquier tipo de célula sanguínea. En función de las necesidades, las células madre de la médula ósea pasan por un proceso de diferenciación y posterior maduración, transformándose así en alguno de los cinco tipos de leucocitos o células de la serie blanca, en células de la serie roja o en plaquetas. Este proceso tiene lugar en varias etapas de manera que la médula ósea no contiene únicamente células maduras sino células en distintas fases de maduración o desarrollo, conocidas como precursores inmaduros. Normalmente, tan sólo se liberan desde la médula ósea hacia el torrente circulatorio las células maduras.

Tipos de células  
Células blancas de la sangre o leucocitos
Existen cinco tipos distintos de células blancas de la sangre: linfocitos, neutrófilos (o granulocitos), eosinófilos, basófilos y monocitos. Cada uno de estos tipos celulares juega un papel distinto en la protección del organismo frente a infecciones. Los neutrófilos, basófilos y eosinófilos matan y digieren bacterias. Los monocitos tambíén pueden matar e ingerir bacterias; suelen vivir más tiempo que los neutrófilos.

Los linfocitos se encuentran en la sangre y en el sistema linfático. Existen dos tipos principales de linfocitos, los de tipo T (o células T) y los de tipo B (o células B). Las células T, que completan su proceso de maduración en una glándula llamada timo, permiten que el organismo pueda distinguir entre estructuras o agentes propios y extraños. Las células B, que circulan por la sangre, producen anticuerpos, proteínas que se fijan a antígenos específicos. 

Células rojas de la sangre o hematíes 
Los hematíes tienen forma de disco con una depresión central y transportan oxígeno por un mecanismo cíclico contínuo de captación y liberación de este gas. La hemoglobina de los hematíes fija oxígeno cuando estos circulan por los vasos sanguíneos del pulmón. La hemoglobina permite que los hematíes transporten oxígeno por todo el organismo. En los tejidos, la hemoglobina se desprende del oxígeno. La molécula de hemoglobina está constituida por unas proteínas conocidas como globinas y por un grupo que contiene hierro conocido como grupo heme (o hemo). Para producir normalmente hemoglobina y hematíes debe existir en la médula ósea suficiente cantidad de hierro.

Plaquetas o trombocitos
Las plaquetas son fragmentos de unas células muy grandes llamadas megacariocitos. Las plaquetas son esenciales para asegurar el proceso normal de la coagulación. Se producen en la médula ósea y de ahí se liberan a la sangre. Cuando se produce una lesión o daño en un vaso sanguíneo o en un tejido y se empieza a sangrar, las plaquetas contribuyen a limitar el sangrado adheriéndose en el punto donde se ha producido la lesión. Además las plaquetas se agregan entre ellas (se apelotonan) y liberan sustancias químicas que todavía estimulan más los fenómenos de agregación plaquetar. Todo ello redunda en la formación de un tapón de plaquetas no muy firme todavía en el foco de la lesión. Simultáneamente, las plaquetas favorecen la cascada de la coagulación, consistente en una serie de reacciones o pasos que suponen la activación secuencial de proteínas conocidas como factores de la coagulación. Como resultado final se forma un coágulo estable que permanece en el foco de la lesión hasta que el daño se ha resuelto.

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Este artículo fue modificado por última vez  13.05.2014