La insuficiencia cardíaca congestiva (ICC) aparece cuando el corazón ya no puede bombear la sangre correctamente y ésta va quedando remansada en órganos y otras zonas del organismo, particularmente hígado, pulmones, manos y pies. Típicamente el paciente refiere hinchazón; por ejemplo las piernas se hinchan, empeorando la situación si el individuo permanece de pie y mejorando si la persona está tumbada. Si la ICC afecta a los pulmones, el paciente presenta dificultad respiratoria y tos, sobretodo durante la realización de esfuerzos físicos (como subir escaleras) o cuando está acostado en la cama. La ICC puede afectar a personas que hayan presentado previamente un infarto agudo de miocardio o también a aquéllas con hipertensión arterial, problemas circulatorios en las arterias que van hacia el corazón, infecciones o enfermedades cardíacas congénitas.
Para diagnosticar una ICC se dispone de una variedad de pruebas: exploración física, ecocardiograma, radiografía de tórax y otras pruebas que permiten llegar al diagnóstico por la imagen. Las pruebas de laboratorio se utilizan en menor medida. Puede realizarse un urianálisis (para conocer si existe afectación renal) y un estudio metabólico (útil para evaluar la función renal y el estado hidroelectrolítico). La evaluación de la función renal es importante porque los síntomas presentados por el individuo en el curso de una ICC y de una enfermedad renal pueden ser similares. Se dispone actualmente de una nueva prueba de laboratorio que permite medir la cantidad de péptido natriurético cerebral (BNP) en la sangre; se trata de una hormona hallada en el ventrículo izquierdo (principal cavidad del corazón con capacidad para bombear sangre) que además de ayudar a establecer un diagnóstico, permite conocer el grado y la severidad de la afectación cardíaca.
La ICC suele ser una enfermedad progresiva. El tratamiento está dirigido a estabilizar la situación y a tratar los síntomas derivados de la misma. Esto supone controlar el aporte de sal, la retención de agua, además de abandonar el tabaco y el alcohol. Si se consigue regular estos factores externos, se contribuye también a disminuir la presión sanguínea – un problema primordial en las enfermedades del corazón.
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Bibliografía
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