¿En qué consiste?

El cáncer de cuello de útero (cáncer de cérvix o cáncer cervical) aparece por una proliferación o crecimiento descontrolados de las células del cuello uterino. El cuello del útero o cérvix es la parte inferior y más estrecha del útero. Tiene una forma cónica, y conecta el útero con la vagina.

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Las formas invasivas de cáncer cervical dejaron de ser comunes en el momento en que se introdujo la prueba de Papanicolau (citología vaginal) que es una prueba de cribado que permite la detección de alteraciones cancerosas y precancerosas en el cérvix o cuello uterino. La tasa de cáncer de cuello uterino o cervical en países desarrollados ha disminuido en un 70%, aunque en otros en los que el acceso a programas de cribado resulta limitado, el cáncer de cuello uterino sigue siendo un problema sanitario importante. Se considera que el cáncer cervical sigue siendo a nivel mundial el segundo tipo de cáncer más frecuente en mujeres (después del cáncer de ovario); de las 500.000 mujeres a las que se les diagnostica este tipo de cáncer unas 250.000 acaban muriendo por esta causa.

El cáncer cervical se desarrolla lentamente. Las primeras alteraciones precancerosas provocan que las células del revestimiento interno y/o externo del cérvix empiecen a tener una apariencia distinta de las células cervicales normales. Cuando se detecta este tipo de células en la prueba de Papanicolau (citología vaginal), se informa de la existencia de "células atípicas". Sin embargo, la presencia de células atípicas no es un signo totalmente específico de una condición precancerosa, ya que pueden aparecer transitoriamente en respuesta a infecciones o irritaciones del epitelio (capa de células) superficial del cérvix. En caso de ser precancerosas, a medida que pasa el tiempo estas células atípicas presentan una apariencia cada vez más anómala, de manera que es más probable que acaben transformándose en células cancerosas si no se trata la situación adecuadamente. En la citología vaginal (Papanicolau), estos cambios celulares intermedios se califican como lesiones intraepiteliales escamosas de bajo grado o de alto grado. Si estas células se vuelven cancerosas, inicialmente afectan al epitelio superficial (carcinoma in situ). Si no se instaura un tratamiento, las células cancerosas pueden acabar siendo invasivas, afectando a los tejidos de soporte de alrededor del cérvix y pudiendo potencialmente propagarse hacia otros lugares del organismo.

Entre un 80% y un 90% de los cánceres cervicales son carcinomas de células escamosas, que afectan la capa plana de células escamosas situadas sobre la parte exterior del cuello uterino. La mayor parte de los casos restantes corresponde a adenocarcinomas, procedentes de las células productoras de moco de la cara o parte interna del canal cervical (o endocérvix). Algunos pocos cánceres de cuello de útero son una mezcla de los dos tipos anteriores.

Si se detecta precozmente el cáncer cervical suele ser tratable. Si las mujeres no se someten a controles y por lo tanto no se detecta el cáncer, éste suele ser fatal. Si se le deja crecer libremente, el cáncer de cuello de útero se propaga (metastatiza) al resto del útero, la vejiga urinaria, el recto y la pared abdominal. Eventualmente, puede alcanzar los ganglios linfáticos pélvicos y diseminarse por el organismo.

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Este artículo fue modificado por última vez  25.08.2013