El corazón es un músculo que bombea sangre a todo el organismo a través de un sistema de venas y arterias. La sangre circula desde los pulmones, donde recoge oxigeno, a través de la vena pulmonar, hacia el corazón y se bombea para que llegue a todo el organismo, repartiendo oxígeno a los tejidos. La sangre vuelve al corazón a través de las venas y se bombea de nuevo hacia los pulmones. Para realizar todas estas tareas, el corazón necesita grandes cantidades de oxígeno que obtiene de la sangre.
Un infarto agudo de miocardio (IAM), también conocido como ataque de corazón, puede ser causado por un bloqueo en las arterias coronarias que reduce o corta por completo el aporte de sangre a esta parte del corazón. Este bloqueo puede ser provocado por un coágulo sanguíneo que se aloja en la arteria o por un engrosamiento de la pared arterial que restringe el flujo sanguíneo lo suficiente como para causar dolor y lesiones. La causa de este engrosamiento suele ser una acumulación de placas (grasas). Los síntomas pueden ser dolor torácico, dolor que se irradia hacia las mandíbulas, brazos u hombros, taquicardias y/o cambios en la tensión arterial. El IAM en mujeres suele ir acompañado de menos sintomatología que en los hombres. Si experimenta estos síntomas llame al 112 o a su número de urgencias locales. Si no se actúa con rapidez, la lesión del músculo cardiaco puede ser irreversible.
El diagnóstico de un infarto o de cualquier afección coronaria puede realizarse observando cambios en el electrocardiograma (ECC) y por una serie de pruebas de laboratorio. Las pruebas de laboratorio proporcionan una medida de la cantidad de músculo dañado. Cuando una parte del músculo muere, las células muertas liberan unas determinadas sustancias a la sangre. Algunas de ellas son la CK, la mioglobina y la troponina. Determinando las concentraciones de estas sustancias, se puede detectar un infarto de miocardio y proporcionar una medida aproximada del alcance de la lesión muscular. En el pasado solía determinarse la LDH para ayudar al diagnóstico y el control de los infartos pero esta determinación ha sido totalmente reemplazada por la troponina ya que ésta es más específica y sensible al daño en el tejido cardiaco que la LDH.
La estimación del riesgo cardiaco puede utilizarse para precedir qué personas tienen más riesgo de padecer una afección coronario.
Como en todas las enfermedades cardiacas, el control de la tensión arterial es una prioridad máxima. El tratamiento farmacológico puede incluir un fármaco o combinaciones de varios glucósidos como la digoxina, que ayudan al corazón a contraerse y antiarritmicos como la procainamida que ayudan a sincronizar las contracciones. El médico también puede prescribir dieta y ejercicio.








