¿En qué consiste?

La hipertensión consiste en un aumento persistente de la presión sanguínea que pone a prueba al corazón y que puede, a largo plazo, provocar lesiones en diversos órganos como riñones, cerebro, ojos y el propio corazón. La presión sanguínea (PS) es la cantidad de fuerza que la sangre ejerce sobre las paredes de las arterias. La PS depende de la fuerza y de la velocidad de contracción del corazón cuando bombea la sangre y de la resistencia a este flujo. La resistencia depende de la elasticidad y el diámetro de los vasos sanguíneos y de la cantidad de sangre que fluye por ellos.

La presión sanguínea aumenta y disminuye dependiendo del nivel de actividad de la persona, del momento del día y del estrés tanto físico como emocional. En las personas sanas, este proceso se controla principalmente por el sistema nervioso autónomo y también está regulado por distintas hormonas. Entre ellas se incluyen la angiotensina II (producida por los riñones) que ocasiona un aumento de la resistencia en los vasos sanguíneos, la aldosterona (producida por las glándulas adrenales o suprarrenales) relacionada con la cantidad de sodio, potasio y fluidos excretados por lo riñones, y las catecolaminas (como la adrenalina) que se sintetizan en las glándulas adrenales en respuesta al estrés, y hacen aumentar la frecuencia cardíaca y la resistencia de los vasos sanguíneos. Cuando se altera el equilibrio normal de una o varias de estas hormonas puede aparecer hipertensión.

Cuando se evalúa la presión sanguínea, se realizan dos medidas de presión: sistólica y diastólica. La presión sistólica hace referencia a la fuerza ejercida sobre las paredes de los vasos sanguíneos cuando el corazón se contrae, y la presión diastólica a la fuerza presente cuando el corazón se relaja entre latido y latido. Ambas se miden en milímetros de mercurio (mmHg) y la sistólica se expresa primero y después la diastólica. Por ejemplo, una presión sanguínea de 120/80 mmHg corresponde a una presión sistólica de 120 y a una diastólica de 80. Estas cifras son las más altas que pueden considerarse como normales. Una única medida de la presión sanguínea no es suficiente; se realizan de manera característica diversas medidas en distintos días, y si los resultados son consistentemente elevados, se realiza un diagnóstico de hipertensión.

Normalmente, las presiones diastólicas son un reflejo de las sistólicas pero, a medida que aumenta la edad de la persona, la presión diastólica tiende a nivelarse y la hipertensión en la que únicamente está implicada la presión sistólica (conocida como hipertensión sistólica aislada) se vuelve mucho más común. En general, cuanto más tiempo se mantiene la presión elevada, mayor es el potencial para el daño.

En la tabla siguiente se resumen las clasificaciones para la presión arterial, basadas en las recomendaciones del National Heart Lung and Blood Institute (NHLBI) a través del Joint National Committee on Prevention, Detection, Evaluation and Treatment of High Blood Pressure (JNC 7). Estas categorías son aplicables a la mayoría de adultos sanos o sin enfermedad conocida en el momento de realizar la medida.

Categoría mmHg sistólicos (registro más elevado mientras el corazón bombea)         mmHg diastólicos (registro más bajo cuando el corazón está en reposo)
Normal menos de 120 y menos de 80
Pre-hipertensión 120 - 139 o 80 - 89
Hipertensión - Estadio I 140 - 159 o 90 - 99
Hipertensión - Estadio II igual o mayor a 160 o igual o mayor a 100

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Este artículo fue modificado por última vez  17.11.2012