La causa de la mayoría de leucemias se desconoce, a pesar de que se ha demostrado que la exposición a radioactividad, el benzeno y algunos fármacos anticancerosos aumentan el riesgo de desarrollarla. También se sabe que unos pocos casos se asocian a alteraciones genéticas o a infecciones víricas raras.

¿En qué consiste?

La leucemia es una alteración de la médula ósea que aparece cuando un leucocito anormal empieza a replicarse de manera continuada. Estas nuevas células no funcionan normalmente, no combaten las infecciones como deberían y no mueren en la misma proporción que los demás leucocitos. Al acumularse, inhiben la producción del resto de las células sanguíneas normales en la médula, dando lugar a anemia, sangrados e infecciones recurrentes. Con el tiempo, las células leucémicas se diseminan a través de la sangre, donde continúan dividiéndose, y a veces pueden formar tumores y dañar otros órganos como el hígado y los riñones. Dado que el bazo es el responsable de filtrar la sangre y eliminar las células viejas, puede aumentar de tamaño e hincharse al acumularse las células leucémicas, al igual que el hígado y los ganglios linfáticos. Si las células llegan al sistema nervioso central y al líquido cefalorraquídeo, se pueden dar cefaleas y convulsiones.

La médula ósea se localiza en el centro de los huesos más grandes y produce los precursores (elementos inmaduros) de los hematíes, plaquetas y de cinco tipos diferentes de glóbulos blancos o leucocitos. Las formas más inmaduras se llaman blastos. La mayor parte de estas células maduran en la propia médula ósea antes de llegar a la sangre. Los glóbulos blancos se agrupan en dos categorías principales: linfocitos y mielocitos (también llamados granulocitos por tener gránulos en su interior). Los mielocitos (en los que se incluyen los neutrófilos, basófilos, eosinófilos y monocitos) circulan por la sangre, matando y digiriendo las bacterias. Los linfocitos, que se encuentran tanto en el sistema sanguíneo como en el linfático, coordinan la respuesta inmune y fabrican anticuerpos. La leucemia aparece a partir de uno de estos tipos celulares. Se clasifica según el tipo celular y la velocidad con la que progresa. Aunque existen muchas clasificaciones diferentes, los principales tipos de leucemia son:

  • Leucemia linfocítica aguda (LLA). Es una enfermedad que progresa rápidamente y que se caracteriza por un desarrollo anormal de los precursores de los linfocitos (linfoblastos), y que se caracteriza por la existencia de un 20% o más de linfoblastos en la médula ósea y/o en la sangre. Es el tipo más frecuente de leucemia en niños (aproximadamente un 75% de los casos se producen en niños menores de 6 años), aunque puede afectar también a adultos (sobretodo a mayores de 65 años)
  • Leucemia linfocítica crónica (LLC). Es una enfermedad en la que existen abundantes linfocitos B maduros de forma pequeña, redondeada o ligeramente irregular, muy parecidos entre ellos. Es la causa más frecuente de leucemia en adultos en los países occidentales, y se detecta en adultos mayores de 55-60 años de edad, siendo la edad promedio en el momento del diagnóstico de 65 años. Progresa más lentamente que otros tipos de leucemia
  • Leucemia mieloide aguda (LMA).  Se caracteriza por la presencia de blastos de tipo mieloide que se replican contínuamente en médula ósea, sangre u otros tejidos. La edad promedio en el momento del diagnóstico es de 65 años. En niños menores de 15 años de edad, representa el 15% de todas las leucemias agudas. Igual que sucede con la LLA, el diagnóstico se establece cuando el porcentaje de blastos alcanza el 20% de formas blásticas mieloides (mieloblastos, monoblastos/promonocitos, y megacarioblastos) en la médula ósea y/o sangre.
  • Leucemia mieloide (mielocítica o mielógena) crónica (LMC). Suele desarrollarse de manera insidiosa, con la presencia de células anómalas y dañinas que proliferan sin causar síntomas. Aproximadamente un 20-40% de las personas afectadas están asintomáticas y en ellas la enfermedad se pone en evidencia al realizar un hemograma. La enfermedad puede aparecer a cualquier edad aunque la edad promedio en el momento del diagnóstico se sitúa alrededor de los 50-60 años. Se trata de un trastorno adquirido que empieza en una célula madre inmadura de la médula ósea cuando partes de los cromosomas 9 y 22 se escinden y se intercambian entre estos cromosomas (traslocación). Esto da lugar a una fusión de genes (bcr/abl) en este nuevamente constituido cromosoma 22 (también conocido como cromosoma Philadelphia) que produce una proteína llamada tirosina-cinasa que afecta la regulación del crecimiento celular. Esto conduce a una sobreproducción de granulocitos y a la presencia de células maduras e inmaduras en la sangre.

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Este artículo fue modificado por última vez  03.02.2013