Alrededor de 27.000 adultos y 2.000 niños se diagnostican de leucemia (cáncer de los glóbulos blancos) anualmente en EEUU. Se desconoce la causa de la mayoría de leucemias, a pesar de que se ha demostrado que la exposición a radioactividad, el benzeno y algunos fármacos anticancerosos aumentan el riesgo de desarrollar leucemia. También se sabe que unos pocos casos se asocian a alteraciones genéticas o a infecciones víricas raras.
¿En qué consiste?
La leucemia es una alteración de la médula ósea que aparece cuando un leucocito anormal empieza a replicarse de manera continuada. Estas nuevas células no funcionan normalmente, no combaten las infecciones como deberían y no mueren en la misma proporción que los demás leucocitos. Al acumularse, inhiben la producción del resto de las células sanguíneas normales en la médula, dando lugar a anemia, hemorragias e infecciones recurrentes. Con el tiempo, las células leucémicas se diseminan a través de la sangre, donde continúan dividiéndose, y a veces pueden formar tumores y dañar otros órganos como el hígado y los riñones. Dado que el bazo es el responsable de filtrar la sangre y eliminar las células viejas, puede aumentar de tamaño e hincharse al acumularse las células leucémicas, al igual que el hígado y los ganglios linfáticos. Si las células llegan al sistema nervioso central y al líquido cefalorraquídeo, se pueden dar cefaleas y convulsiones.
La médula ósea se localiza en el centro de los huesos más grandes y produce los precursores (elementos inmaduros) de los hematíes, plaquetas y de cinco tipos diferentes de glóbulos blancos. Las formas más inmaduras se llaman blastos. La mayor parte de estas células maduran en la propia médula ósea antes de llegar a la sangre. Los glóbulos blancos se agrupan en dos categorías principales : linfocitos y mielocitos (también llamados granulocitos por tener gránulos en su interior). Los mielocitos (en los que se incluyen los neutrófilos, basófilos, eosinófilos y monocitos) circulan por la sangre, matando y digiriendo las bacterias. Los linfocitos, que se encuentran tanto en el sistema sanguíneo como en el linfático, coordinan la respuesta inmune y fabrican anticuerpos. La leucemia aparece a partir de uno de estos tipos celulares. Se clasifica según el tipo celular y la velocidad con la que progresa. Aunque existen muchas clasificaciones diferentes, los principales tipos de leucemia son:
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Leucemia linfocítica aguda (LLA). Es una enfermedad que progresa rápidamente y que se caracteriza por un gran número de linfocitos inmaduros. Es el tipo más frecuente de leucemia en niños, aunque puede afectar también a adultos (sobretodo a mayores de 65 años)
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Leucemia linfocítica crónica (LLC). Esta enfermedad progresa más lentamente y se caracteriza por una mezcla de formas maduras e inmaduras. Suele afectar a adultos por encima de los 55 ó 60 años
- Leucemia mieloide (mielocítica) aguda (LMA). Afecta a personas de todas las edades y se caracteriza por la producción de gran cantidad de células mieloides inmaduras (neutrófilos inmaduros (lo más frecuente), monocitos, basófilos, eosinófilos, plaquetas o hematíes) que sustituyen al resto de células normales de la médula ósea.
- Leucemia mieloide (mielocítica o mielógena) crónica (LMC). Es rara en niños. Es una patología adquirida que empieza en una línea celular inmadura de la médula ósea cuando dos cromosomas, el 9 y el 22, sufren una traslocación (intercambio de genes entre ellos). Esto da lugar a una fusión de genes (bcr/abl) en el cromosoma 22 que produce una proteína llamada tirosina-cinasa que afecta la regulación del crecimiento celular. Esto conduce a una sobreproducción de granulocitos, muchos con la traslocación bcr/abl y a la presencia de células maduras e inmaduras en la sangre.








