¿En qué consiste?
El cáncer de testículo es una proliferación anormal e incontrolada de células que forman un tumor en uno o en ambos testículos. Los testículos (testes o gónadas) son dos glándulas del tamaño de una pelota de golf situados dentro del escroto, que es una bolsa de piel que cuelga libremente debajo del pene. Los testículos son los responsables de producir esperma, así como las hormonas masculinas (principalmente testosterona), reguladoras del desarrollo de los órganos reproductores.
El cáncer de testículo es el cáncer más frecuente entre los hombres de 20 a 35 años. En España se diagnostican entre 2 y 3 casos de cáncer de testículo por cada 100.000 habitantes/año, una incidencia menor que en otros países europeos. Aunque no se conocen las causas exactas de cáncer de testículo, los hombres caucásicos presentan un mayor riesgo que los africanos, hispánicos, o de origen asiático. Entre otros factores de riesgo se incluyen testículos no descendidos (criptorquidia), disgenesia gonadal (desarrollo anormal de los testículos), síndrome de Klinefelter (una anomalía de los cromosomas sexuales) y una historia personal o familiar de cáncer de testículo.
Los tumores de células germinales suponen cerca del 94% de los cánceres testiculares. Estos cánceres se clasifican en seminomas y no seminomas (que incluyen los tumores del saco vitelino, los teratomas, los carcinomas embrionarios y los coriocarcinomas). Los seminomas suelen crecer lentamente y normalmente no metastatizan. Los tumores no seminomatosos aparecen a edades más tempranas, y suelen crecer y diseminarse más rápidamente que los seminomas.
Aproximadamente sólo el 4-5% de todos los cánceres testiculares (y aproximadamente el 20% de los de los niños) son tumores del estroma. Estos tumores del estroma se forman en los tejidos que sostienen los testículos y producen hormonas. En algunos casos pueden secretar estradiol, una forma de estrógeno (hormona femenina), dando lugar a ginecomastia (desarrollo de las glándulas mamarias).
Aunque el cáncer de testículo es uno de los que tiene mayor tasa de curación, más del 90%, la mayoría de casos no diagnosticados se diseminan a otras partes del cuerpo, primero invadiendo y lesionando el otro testículo y después metastizando, a través de los nódulos limfáticos, a otros órganos como los pulmones. La detección precoz, así como el tratamiento, son decisivos para un resultado favorable.








