Tratamiento

En el tratamiento del cáncer testicular generalmente se aplica una combinación de cirugía, radioterapia y quimioterapia.

La extirpación quirúrgica del testículo es necesaria para establecer el diagnóstico definitivo pero sirve además como tratamiento de primera línea. En función del tipo y grado de extensión del cáncer, se extirpan también ganglios linfáticos abdominales.

La radioterapia es un tratamiento común utilizado posteriormente a la cirugía, especialmente en los seminomas. Estos tumores son particularmente sensibles a la radioterapia, a diferencia de los no seminomatosos, que tienden a ser más resistentes. El objetivo de la radioterapia es el de destruir cualquier célula cancerosa que haya podido quedar en ganglios linfáticos del abdomen.

La quimioterapia puede ser útil después de la cirugía, aunque a veces se utiliza previamente a la cirugía para reducir el tamaño del tumor. Este tipo de tratamiento es especialmente útil en cánceres testiculares que se han extendido más allá del testículo o que presentan un elevado riesgo de recurrencia.

El tratamiento del cáncer testicular está en continuo desarrollo. Se han hallado ciertas mutaciones en el ADN de células cancerosas testiculares en personas que no han respondido a la quimioterapia. Estos hallazgos permiten identificar a los individuos que no se beneficiarán de un determinado tipo de quimioterapia y por otra parte, pueden facilitar el desarrollo de nuevos fármacos específicos (dianas terapéuticas).

Debe tenerse en cuenta que al diagnóstico de un cáncer testicular se le añade la preocupación de que, a consecuencia del tratamiento, se deriven efectos no deseados en el individuo, como modificación del aspecto físico, de la apetencia y rendimiento sexual, y de la posibilidad de generar descendencia.

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Este artículo fue modificado por última vez  20.05.2017