¿En qué consiste?

Staphylococcus aureus, también conocido como S. aureus o estafilococo, es una bacteria que coloniza frecuentemente la piel y está presente en las fosas nasales de aproximadamente el 25-30% de adultos. S. aureus puede permanecer de esta forma sin producir lesiones o síntomas al huésped. Sin embargo, estas colonias pueden causar una infección cuando penetran en la piel a través de una herida, o durante una intervención quirúrgica, o cuando existe una disminución de la capacidad de defensa del sistema inmune de la persona. En general, el estafilococo causa infecciones localizadas en la piel, como foliculitis, forúnculos e impétigo (ampollas superficiales y llenas de líquido, rodeadas de una costra amarilla). También puede causar abscesos, así como extenderse a los huesos (osteomelitis), los pulmones (pulmonía por estafilococos), la sangre (bacteriemia o sepsis), el corazón (endocarditis que puede lesionar las válvulas del corazón), y otros órganos. Los pacientes infectados y los colonizados pueden transmitir el estafilococo a otras personas a través del contacto de la piel o de objetos contaminados (como toallas o maquinillas de afeitar).

Infecciones de adquisición hospitalaria
Las infecciones de estafilococo adquiridas durante una estancia prolongada en un hospital o en otro entorno médico han constituido durante años un verdadero reto. La población internada o confinada, así como el uso indiscriminado de antibióticos, ha conducido al desarrollo de cepas de S. aureus resistentes a antibióticos. Estas cepas se conocen como Staphylococcus aureus resistente a meticilina (MRSA), desde que en el año 1960 se implantó el tratamiento para las cepas de estafilococo resistentes a la penicilina. En general, las infecciones causadas por MRSA son resistentes a una gran variedad de antibióticos, asociándose a índices significativamente más altos de morbilidad y de mortalidad, mayor coste sanitario, y a estancias hospitalarias más largas que las correspondientes a las infecciones causadas por los Staphylococcus aureus sensibles a meticilina. Entre los factores de riesgo para la infección intrahospitalaria de MRSA se incluye la cirugía, la terapia antibiótica previa, ingreso en la unidad de cuidados intensivos, exposición o contacto con un portador (puede ser un personal sanitario), una estancia en el hospital superior a 48 horas, y llevar un catéter u otro dispositivo introducido a través de la piel. La estrategia que debería de aplicarse para intentar controlar la propagación de la infección consiste en una vigilancia activa con la finalidad de detectar MRSA en pacientes ingresados en las unidades de cuidados intensivos (UCI) y otras áreas de elevado riesgo; otra posibilidad sería la de realizar un cribado de la infección a cualquier paciente admitido en un centro sanitario.

Infecciones de adquisición en la comunidad
Durante los últimos años ha aumentado la importancia de las infecciones por MRSA, ya que se han asociado a un número creciente de brotes y de muertes en dependencias no sanitarias como cárceles, centros de día, unidades militares, y a través de deportes que suponen un contacto físico. Estas infecciones se dan en individuos sin los factores de riesgo clásicos de MRSA, como los descritos anteriormente. Un número significativo de los afectados ha tenido que ser hospitalizado por lo que parecía ser una simple, aunque persistente, infección de la piel o una pulmonía que se desarrolla a consecuencia de una gripe.

Hasta hace poco, parte del problema con el MRSA adquirido en la comunidad (MRSA-AC) ha sido la falta de conocimiento de la comunidad médica y de la población en general. Históricamente, las infecciones de estafilococo se han tratado, en función de su severidad, con pomadas o ungüentos que no requerían receta médica y que incluían combinaciones de antibíóticos, o con una pauta antibiótica estándar. Además, en la práctica diaria, a menos que la infección apareciera de forma extensa o el tratamiento inicial fracasara, no era habitual que los médicos solicitaran cultivos con el objetivo de identificar el microorganismo y determinar su susceptibilidad antibiótica. Sin embargo y con frecuencia, con el MRSA-AC, estas opciones terapéuticas han fracasado. Un número significativo de los afectados ha tenido que ser hospitalizado y algunos de los pacientes previamente sanos han muerto.

Las investigaciones de estos brotes han revelado que el MRSA-AC se propaga desde sujetos infectados o colonizados a quienes se hallan a su alrededor a través del contacto de la piel (como cortes y abrasiones en deportes), a través de gotitas procedentes del tracto respiratorio, o con la exposición a objetos contaminados, como el equipamiento deportivo, las toallas, los juguetes o los objetos de zonas de juego o de recreo. Las investigaciones también han revelado que las cepas de S. aureus implicadas en MRSA-AC son distintas genéticamente de las que causan infecciones de MRSA adquiridas en el hospital. Los MRSA-AC son resistentes a la meticilina y a otros antibióticos relacionados (oxacilina, dicloxacilina o nafcilina) y a eritromicina, pero son sensibles a muchos otros antibióticos.

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Este artículo fue modificado por última vez  02.06.2012