¿En qué consisten las pruebas de cribado?

Las pruebas de cribado son pruebas de laboratorio que permiten identificar qué personas presentan mayor riesgo de desarrollar un trastorno o enfermedad antes de que aparezcan los síntomas. Ayudan a decidir la aplicación de medidas o tratamientos preventivos y constituyen un aspecto importante en el ámbito de la medicina preventiva.

Las pruebas de cribado permiten detectar las enfermedades en sus fases más tempranas y en estadios en los que puede ser más fácil tratarlas. Por lo tanto, ofrecen su máximo interés para enfermedades graves que sean tratables, ya que la detección de la enfermedad antes de que aparezcan los síntomas aportará un gran beneficio al individuo afecto.

Las pruebas de cribado tienen que ser sensibles -tienen que identificar correctamente a individuos con una enfermedad determinada-. Muchas de las pruebas realizadas normalmente en controles rutinarios de salud son pruebas de cribado, como por ejemplo la determinación de los niveles de colesterol o la citología vaginal. En el caso de los recién nacidos, también se realiza una serie de pruebas de cribado al nacer.

Un resultado positivo en una prueba de cribado a menudo obliga a realizar estudios adicionales con pruebas más específicas. Este aspecto es importante para poder descartar o excluir correctamente a las personas que no tengan la enfermedad en cuestión y para confirmar el diagnóstico en caso de que la tengan.

Una prueba diagnóstica también podría emplearse como prueba de cribado, aunque su principal finalidad es la de confirmar un diagnóstico cuando existen signos o síntomas de una enfermedad concreta.

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Este artículo fue modificado por última vez  07.01.2017