¿En qué consiste?

Se entiende por marcadores óseos un conjunto de pruebas que pueden realizarse en sangre y en orina y que permiten detectar productos procedentes del remodelado óseo, para así determinar si las tasas de resorción y de formación de hueso están alteradas, sugiriendo algún tipo de problema óseo. Los marcadores pueden ser útiles para conocer si una persona presenta un riesgo aumentado de tener fracturas y para monitorizar el tratamiento en aquellos pacientes medicados debido a problemas esqueléticos, entre los cuales se encuentra la osteoporosis.
El hueso es un tejido vivo cuyos componentes van renovándose a una tasa de aproximadamente un 10% por año. Está constituido mayoritariamente por colágeno de tipo I, proteína que proporciona consistencia al hueso y le permite cumplir con su función de soporte del esqueleto, y por fosfato cálcico, complejo mineral que ayuda a endurecer las estructuras óseas del esqueleto. Esta combinación de colágeno y de calcio proporciona una consistencia dura al hueso a la vez que asegura cierta flexibilidad, garantizando así sus funciones de soporte del propio peso del organismo y de resistencia a fuerzas diversas ejercidas sobre él. Más del 99% del calcio del organismo se encuentra en los huesos y en los dientes. El 1% restante se encuentra en la sangre.
El hueso se va renovando durante toda la vida, de tal manera que el hueso viejo se elimina (resorción) y es sustituido por hueso nuevo (formación). En el proceso de resorción, unas células conocidas como osteoclastos disuelven pequeñas cantidades de hueso a la vez que ciertos enzimas disuelven la estructura proteica del hueso. Se inicia entonces la formación de hueso nuevo por parte de unas células conocidas como osteoblastos. Estas células secretan diversos compuestos que permiten la formación de la estructura o matriz proteica del hueso, que posteriormente se mineraliza con calcio y fosfato para originar hueso nuevo. Todo este proceso tiene lugar a escala microscópica por todo el organismo y garantiza que los huesos sean robustos.
Durante la infancia y la adolescencia, el proceso de formación supera al proceso de resorción. En consecuencia, el hueso se alarga, gana en peso y en densidad. La formación de hueso tiene lugar más rápidamente que la resorción ósea hasta que se alcanza un máximo de masa ósea (máxima densidad y dureza ósea), entre los 25 y los 30 años de edad. Posteriormente, el proceso de resorción acontece un poco más rápido que el de formación, siendo el resultado neto el de cierta pérdida ósea. La pérdida de hueso en mujeres aumenta después de la menopausia, sobretodo en el curso de los primeros años. En los varones no puede apreciarse una pérdida importante de la masa ósea hasta los 70 años de edad, aproximadamente.

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Este artículo fue modificado por última vez  06.06.2010