¿Qué es la monitorización de fármacos?
La monitorización de fármacos es la determinación de fármacos específicos, a unos intervalos fijados, con la finalidad de mantener una concentración relativamente constante del fármaco en sangre. Los fármacos que se monitorizan suelen presentar un estrecho "rango terapéutico", es decir la cantidad necesaria para que el fármaco sea efectivo no está lejos de la cantidad que ocasiona ya efectos adversos y/o signos de toxicidad. El mantener este estado de equilibrio no es tan simple como dar sencillamente una dosis estándar de medicación. Cada persona absorbe, metaboliza, usa y elimina fármacos a diferente velocidad, según sea su edad, su estado general de salud, su constitución genética, y en función de las posibles interferencias debidas a otros fármacos que pueda estar tomando. Esta velocidad además puede cambiar con el tiempo y varía día a día.
No todos los fármacos precisan una monitorización. La mayor parte de fármacos tiene un amplio rango terapéutico y se pueden prescribir en base a unas pautas pre-establecidas. La efectividad de estos tratamientos se evalúa, pero generalmente no es necesario determinar la concentración del fármaco en sangre. Es el caso de fármacos para tratar la hipertensión y de muchos de los antibióticos administrados para tratar infecciones bacterianas. Si la infección se soluciona y la presión sanguínea desciende, es que los tratamientos han sido efectivos.
¿Por qué es importante?
La mayor parte de drogas que se monitorizan se toman de por vida. Deben mantenerse en concentraciones estables año tras año mientras el paciente envejece y va pasando por distintas situaciones tales como embarazo, enfermedades temporales, infecciones, estrés físico y emocional, accidentes y operaciones quirúrgicas. Con el tiempo el paciente puede adquirir otras enfermedades crónicas que también requieran medicación de por vida e influir en la concentración de los fármacos que se están monitorizando. Ejemplos de estas posibles enfermedades son las enfermedades cardiovasculares, renales, tiroideas, hepáticas, y la infección por el VIH y el SIDA.
La monitorización de fármacos va siguiendo estos cambios y los va ajustando. Pone de manifiesto un no cumplimiento de la medicación por parte del paciente (cuando el paciente no toma la medicación regularmente tal como se le ha prescrito), revela interacciones con otros fármacos (que pueden dar lugar a concentraciones del fármaco más elevadas o más bajas de las esperadas para una determinada dosis), y ayuda a establecer una dosis adecuada para cubrir las necesidades de un paciente determinado. Junto con otras pruebas para chequear la función renal y hepática como la urea, creatinina, y pruebas de función hepática, la monitorización ayuda a identificar disfunciones y disminuciones de la eficiencia de órganos en la metabolización y eliminación de estos fármacos.








