Síndrome del estrés postvacacional
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Este artículo fue modificado por última vez el 06.09.2018.

Las situaciones de estrés nos ayudan de forma natural a adaptarnos a los cambios a los que nos enfrentamos cada día a lo largo de nuestra vida. Es decir, el estrés en sí no es malo, sino que es una herramienta de cambio que nos ayuda a adaptarnos al entorno.

En principio, nuestro organismo está capacitado para superar con éxito las situaciones de estrés. Solo cuando el cambio es demasiado largo en el tiempo, demasiado intenso, o se produce en un momento en el que debemos afrontar simultáneamente otro tipo de problemas, puede agotar nuestra energía y llevarnos a trastornos físicos y psicológicos, es decir, a desarrollar los síntomas propios de lo que conocemos patológicamente como estrés.

A nivel académico, ni en el Manual Estadístico y de Diagnóstico de los Trastornos Mentales (DSM-V), ni en la Clasificación Internacional de Enfermedades y Causas de Muerte (ICD-10), se recoge el estrés postvacacional como patología. Pero que no esté tipificado no quiere decir que no exista, casi un 30% de los trabajadores lo sufre en mayor o menor medida a la vuelta de sus vacaciones y las estadísticas demuestran un incremento de consultas médicas por este motivo; en algunos casos las sintomatologías que se presentan son leves, pero en otros son muy molestas y pueden llegar a agravarse, por lo que recogemos aquí  algunos consejos, para superar la adaptación a la vuelta a la actividad laboral de la mejor forma posible:

  • Incorporar los nuevos horarios de forma paulatina, comenzando unos días antes de la vuelta; la reincorporación con el tiempo suficiente para que nos permita esta adaptación horaria.
  • No cargarse de trabajo el primer día, sino programar un actividad laboral progresiva; no pretender estar al 100% de productividad desde el minuto 1.
  • Dormir en horarios regulares.
  • Las tareas más estresantes abordarlas, en la medida de lo posible, después de haber pasado el periodo adaptativo.
  • Aprovechar los periodos de desconexión al máximo realizando ejercicio saludable o cualquier actividad que nos permita desconectar.
  • Tener paciencia y permitirnos estar menos concentrados, más despistados, menos energéticos o con menos ganas; en unos días pasará.

Veamos el lado positivo: no estamos  enfermos, sólo nos estamos adaptando. Si de todos modos, la sintomatología lo requiere, acude a un profesional para que te ayude.

¡Feliz vuelta!
 

Bibliografía