24/04/2026
En los últimos años, medicamentos como Ozempic han pasado de ser tratamientos para la diabetes tipo 2 a convertirse en protagonistas de una nueva tendencia: la pérdida de peso rápida, especialmente entre celebridades e influencers que han contribuido a popularizar su uso con fines estéticos. Este fenómeno ha impulsado la percepción del fármaco como una solución casi inmediata para adelgazar, a pesar de que su uso con este objetivo en personas sin patologías previas se considera fuera de indicación médica.
El principio activo de Ozempic, la semaglutida, actúa imitando la hormona GLP-1, péptido similar al glucagón tipo 1, implicado en la regulación de la concentración de glucosa. Su acción contribuye a reducir la concentración de glucosa en sangre y disminuir el apetito al ralentizar el vaciamiento gástrico. Este efecto sobre el sistema digestivo explica que los efectos adversos más frecuentes sean de tipo gastrointestinal, especialmente al inicio del tratamiento. Entre ellos destacan náuseas, vómitos, diarrea o estreñimiento y dolor abdominal.
No obstante, pueden aparecer complicaciones más graves como la gastroparesia, un trastorno digestivo en el que el estómago pierde parte de su capacidad para vaciarse con normalidad. Este enlentecimiento digestivo puede favorecer la aparición de otros problemas como cálculos biliares, colecistitis o pancreatitis. Aunque estos efectos no son comunes, adquieren mayor relevancia cuando el medicamento se utiliza sin supervisión médica o en personas que no presentan indicación clínica. Por ello, su administración requiere un seguimiento riguroso que permita evaluar los beneficios y minimizar riesgos en función del perfil de cada paciente.
El auge del Ozempic como “solución rápida” para adelgazar ha generado además otros efectos colaterales preocupantes. Por un lado, se han registrado problemas de suministro que afectan a pacientes con diabetes que realmente necesitan el tratamiento. Por otro, ha aumentado la circulación de versiones falsificadas del medicamento. La Organización Mundial de la Salud ha alertado recientemente sobre la presencia de semaglutida falsificada en el mercado, lo que supone un riesgo añadido para la salud pública.
Más allá de los riesgos clínicos, el fenómeno refleja una tendencia social más amplia: la creciente medicalización de la estética. El uso de este tipo de fármacos por parte de figuras públicas contribuye a normalizar soluciones farmacológicas para problemas que, en muchos casos, podrían abordarse con cambios en el estilo de vida.
De cara al futuro, los expertos prevén que el uso de agonistas del GLP-1 continúe creciendo, impulsado tanto por nuevos desarrollos farmacológicos como por su popularidad mediática. Este escenario plantea retos importantes para los sistemas sanitarios, desde la necesidad de garantizar el acceso a los pacientes que realmente lo necesitan hasta el control del uso indebido y la regulación del mercado. Al mismo tiempo, será clave reforzar la información sobre sus efectos a largo plazo, que todavía se encuentran en estudio en determinados grupos de población.
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