25/02/2026
La Enfermedad Mínima Residual (EMR) es un concepto empleado en enfermedades oncológicas, sobre todo en cánceres de la sangre como las leucemias agudas o el mieloma múltiple. Se refiere a la persistencia de una pequeña cantidad de células cancerosas que permanecen en el organismo tras finalizar un tratamiento, incluso cuando las pruebas habituales indican que la enfermedad está controlada o en remisión.
Los tratamientos como la quimioterapia, la inmunoterapia o el trasplante de médula ósea tienen como objetivo final alcanzar la denominada remisión completa, es decir, la ausencia total de signos y síntomas del cáncer. Sin embargo, las pruebas convencionales no siempre son capaces de detectar cantidades muy pequeñas de células tumorales. Estas células residuales pueden ser responsables de que la enfermedad reaparezca con el tiempo, lo que hace especialmente importante poder identificarlas de forma precoz.
Para detectar la enfermedad mínima residual se utilizan técnicas de laboratorio muy sensibles, capaces de encontrar una célula tumoral entre cientos de miles o incluso millones de células sanas. Estas técnicas pueden aplicarse a muestras de sangre o de médula ósea, dependiendo del tipo de enfermedad y de las características de cada paciente. Entre las más utilizadas destaca la citometría de flujo de nueva generación (NGF), que permite analizar miles de células en pocos segundos y distinguir las células sanas de las tumorales, gracias a las características específicas que estas últimas exhiben sobre su superficie. Otra técnica muy empleada es la reacción en cadena de la polimerasa (PCR), que analiza el material genético y puede identificar cambios muy concretos propios de las células tumorales.
En los últimos años también se ha incorporado la secuenciación genética de nueva generación (NGS), una técnica aún más precisa que permite estudiar en profundidad el ADN de las células y detectar alteraciones genéticas asociadas al cáncer, incluso cuando están presentes en cantidades muy pequeñas.
La información que aportan las técnicas para la detección de EMR es muy valiosa. Cuando las pruebas indican que la enfermedad mínima residual es negativa, significa que no se detectan células tumorales con las técnicas disponibles, lo que suele asociarse a un mejor pronóstico y mayor supervivencia. Por el contrario, una EMR positiva puede alertar de un mayor riesgo de recaída y ayudar a los especialistas a ajustar el tratamiento, intensificarlo o cambiar de estrategia terapéutica antes de que aparezcan síntomas.
Gracias a estos avances, la EMR se ha convertido en una herramienta clave para avanzar hacia una medicina más personalizada, permitiendo tomar decisiones basadas en la situación real de cada paciente y no solo en los resultados de pruebas convencionales. Aunque todavía no está disponible en todos los hospitales ni para todos los tipos de cáncer, su uso continúa creciendo y representa un importante paso adelante en el seguimiento y tratamiento de las enfermedades oncológicas.
Bibliografía





