Epilepsia

9/2/2022

Tambien conocido como:
convulsiones

¿En qué consiste?

La epilepsia es una enfermedad que se caracteriza por la presencia de convulsiones recurrentes. La mayoría de las convulsiones duran desde unos segundos hasta pocos minutos, por lo que no tienen una duración suficiente como para afectar al cerebro o al cuerpo, pero la pérdida de conciencia puede provocar caídas y lesiones, especialmente si la persona está en ese momento, conduciendo, tomando un baño o cocinando, o bien realizando cualquier actividad potencialmente peligrosa. Las convulsiones que no duran más de 5 ó 10 minutos se denominan “estatus epiléptico” y requieren una atención médica urgente. Las convulsiones prolongadas, que no duran más de 30 minutos, pueden aumentar el riesgo de producir un daño permanente y en algunos casos pueden ser mortales.

Todas las convulsiones no se consideran como epilepsia. Las que se deben a enfermedades temporales como la fiebre alta en un niño, meningitis o encefalitis, o la abstinencia de alcohol y drogas no se consideran como convulsiones no provocadas. Además, todos los síntomas que parecen una convulsión no son causados siempre por cambios producidos en la actividad eléctrica cerebral. Los desmayos, jaquecas de tipo migrañoso, narcolepsia, uso de drogas, enfermedad mental, y una gran variedad de enfermedades que temporalmente alteran la consciencia o la percepción y que pueden producir algunos síntomas similares.

La epilepsia se diagnostica cuando una persona sufre dos o más convulsiones no provocadas en menos de 24 horas de diferencia. Según el National Institute of Neurological Disorders and Stroke (NINDS), en los Estados Unidos unos 2,3 millones de adultos y unos 500.000 niños viven con epilepsia; puede afectar a cualquier persona, pero los niños menores de 2 años y los adultos mayores de 65 años tienen más probabilidades de padecerla. La mayoría de las personas con epilepsia responderán al tratamiento, pero entre un 25-30% continuará padeciendo convulsiones a pesar de llevar un tratamiento.

Según el FEEN (informe sociosanitario FEEN sobre la epilepsia en España): la prevalencia de epilepsia activa varía 2,7 y 40 por 1.000, aunque muchos estudios la sitúan en torno a 8/1.000 habitantes (aproximadamente 360.000 casos en España). La incidencia anual de epilepsia es de 31 a 57/100.000 (entre 12.400 y 22.000 casos nuevos cada año en España), siendo la incidencia superior en niños entre 6 y 14 años (incidencia de 3,7/1.000 habitantes), adolescentes y ancianos (en las edades por encima de 60 años la incidencia se sitúa 134/100.000 habitantes). La incidencia acumulada de epilepsia hasta la edad de 80 años alcanza el 3%. Aproximadamente el 5-10% de la población experimentará una crisis a lo largo de su vida y hasta un 20% tendrán crisis recurrentes. En España se calcula que hay unos 400.000 pacientes con epilepsia. Ligeramente más del 50% de las crisis son parciales (57%).

Cualquier enfermedad que afecta al cerebro puede causar epilepsia. Esto incluye traumatismos craneales, desarrollo cerebral anormal, falta de oxígeno durante el nacimiento, tumores cerebrales, un accidente vascular cerebral, enfermedad cerebrovascular, toxinas como la intoxicación por plomo, infecciones, enfermedades neurológicas como la enfermedad de Alzheimer y alteraciones metabólicas. Algunas formas de epilepsia son hereditarias y están relacionadas con defectos genéticos. No obstante, en muchos casos se desconoce la causa de la epilepsia. Los Centers for Disease Control and Prevention (CDC) estiman que cerca de dos tercios de los casos de epilepsia no presentan ninguna causa subyacente identificable.

Las crisis epilépticas se clasifican en parciales (focales) o generalizadas. Las crisis parciales se originan en un único punto del cerebro, mientras que las generalizadas afectan a ambos lados. Algunas crisis pueden empezar como parciales y convertirse en generalizadas. Aproximadamente el 60% de los individuos afectados de epilepsia presentan crisis parciales. Para más información acerca de los diferentes tipos de crisis epilépticas, consultar en el siguiente enlace: Epilepsias y crisis: Esperanza en la investigación.

Acerca de la epilepsia

Signos y síntomas

Las convulsiones son descargas eléctricas anormales que se producen en el cerebro y que interrumpen temporalmente la transmisión normal de los mensajes enviados al cuerpo. Pueden causar alteraciones en la consciencia, producir movimientos raros rítmicos o repetitivos, tirones o sacudidas en las piernas, y/o pueden provocar convulsiones que contraen los músculos de todo el cuerpo.

En ocasiones estas convulsiones son precedidas por auras epilépticas. Las auras consisten en una sensibilidad aumentada o una percepción inusual de la vista, oído, olfato, gusto o tacto que advierten a los individuos de una crisis inminente. Pueden ser sensaciones como, por ejemplo, una brisa fresca o una luz brillante, pudiendo incluir sensaciones de entumecimiento o de náuseas. Lo que sucede durante una convulsión depende de las partes del cerebro que se afectan. Aunque generalmente la mayoría de las personas afectadas de epilepsia sufre síntomas similares durante estas convulsiones, algunas pueden presentar síntomas diferentes.

La mayoría de las convulsiones duran desde unos pocos segundos a unos pocos minutos. Si se produce una alteración o pérdida de la conciencia, generalmente el individuo no recuerda lo que ha sucedido. Aunque después de la convulsión es posible que no aparezca ningún efecto, en algunos casos puede presentarse un breve período de confusión y/o se puede experimentar sensación de debilidad y fatiga que puede durar varios días.

Pruebas relacionadas

Para diagnosticar y monitorizar la epilepsia, determinar el tipo o tipos de crisis que padece la persona afectada, identificar situaciones subyacentes que puedan causar las crisis como toxinas, infecciones, abstinencia de drogas o alcohol, fiebre (en niños) o diabetes, y diferenciar la epilepsia de otras situaciones que pueden presentar algunos síntomas similares, como un síncope o un accidente vascular cerebral, se utilizan pruebas de laboratorio y otras pruebas diagnósticas que no son de laboratorio.

La historia clínica, la información del paciente y de los miembros de la familia que son testigos de las crisis del paciente son muy importantes en el proceso diagnóstico. La persona afectada puede recordar un olor extraño, la aparición de un aura y/o sensaciones que preceden a una crisis, pero no todo aquello sucedido durante la propia crisis. En función de los signos y de la frecuencia de las crisis, el tiempo necesario para establecer un diagnóstico correcto varía.

Pruebas diagnósticas ajenas al laboratorio

  • Electroencefalograma (EEG): es la principal prueba diagnóstica en la epilepsia; se utiliza para evaluar la actividad eléctrica cerebral e identificar los cambios en el patrón de ondas cerebrales.

Pruebas de diagnóstico por imagen:

  • Tomografía computarizada (TC): para identificar anormalidades en la estructura del cerebro y tumores.
  • Resonancia magnética (RM): también identifica las anormalidades cerebrales.
  • Tomografía de emisión de positrones (PET): utiliza material radioactivo para observar las áreas activas del cerebro.
  • Tomografía computarizada de emisión monofotónica (SPECT): utiliza material radioactivo para identificar la región del cerebro donde se originan las crisis, cuando no queda claro con otras técnicas utilizadas.

Pruebas de laboratorio

Las pruebas de laboratorio se utilizan principalmente para monitorizar los fármacos antiepilépticos y para descartar otras enfermedades como diabetes, anemia, infección, meningitis o encefalitis que podrían ser la causa que provocara las convulsiones.

Se realiza una monitorización terapéutica de fármacos periódica cuando el individuo toma una medicación específica, para garantizar que se han alcanzado los niveles terapéuticos. Entre los fármacos que se monitorizan se incluyen:

Actualmente hay algunos fármacos más nuevos, de segunda generación, que sirven para tratar la epilepsia, tales como el levetiracetam, que habitualmente no requiere monitorización rutinaria, pero se puede medir para evaluar y ajustar la dosis si fuera necesario.

Otras pruebas que se realizan para identificar las posibles causas de las convulsiones incluyen:

Tratamiento

En muchos casos, la epilepsia puede prevenirse tomando precauciones. Esto incluye establecer medidas de seguridad para evitar traumatismos en la cabeza, saber cómo utilizar un casco cuando se monta en bicicleta o en moto, o abrocharse el cinturón de seguridad cuando se viaja en coche. Los controles prenatales contribuyen a evitar infecciones y otras causas capaces de provocar lesión cerebral fetal. Las vacunaciones también reducen la probabilidad de contraer infecciones que pueden producir convulsiones. El hecho de tratar correctamente en los adultos enfermedades como la hipertensión y la enfermedad cardiovascular también contribuye a prevenir una epilepsia.

La eficacia del tratamiento dependerá de realizar un diagnóstico correcto del tipo de epilepsia que padece la persona. En aproximadamente un 70-80% de los casos, las convulsiones pueden controlarse con los distintos tratamientos disponibles en la actualidad, ya sea de tipo quirúrgico o farmacológico.

A menudo, en las personas con epilepsia, las crisis pueden prevenirse o disminuir su frecuencia mediante la toma sistemática de la medicación antiepiléptica apropiada. Los fármacos habitualmente prescritos son:

  • Carbamacepina
  • Fenitoína
  • Fenobarbital
  • Ácido valproico

Actualmente hay fármacos más nuevos, de segunda generación, que sirven para tratar la epilepsia, tales como el levetiracetam, que pueden prescribirse como terapia adyuvante (secundaria), combinado con otros medicamentos antiepilépticos.

La elección del fármaco depende de cada persona y del tipo de crisis. Por este motivo, es importante cooperar con el médico para la elección de la mejor medicación y dosis. En ciertos casos en los que la medicación no es eficaz o produce efectos secundarios e indeseables graves, una dieta rica en grasas y pobre en carbohidratos puede ser de ayuda para controlar las convulsiones. En algunos casos, la cirugía constituye la mejor opción de tratamiento.

El número de crisis también puede disminuirse evitando aquellos factores desencadenantes, como la deprivación del sueño, un exceso de estrés o el consumo de alcohol y de drogas, como la cocaína. El tratamiento de las condiciones subyacentes también puede disminuir la frecuencia de las crisis. En los casos en que la respuesta al tratamiento es pobre, existe también un dispositivo estimulador del nervio vago que se implanta y que permite controlar mejor las convulsiones. Se están investigando un tipo de dispositivos que son como marcapasos implantables que se utilizan también para prevenir las convulsiones. Si desea más información acerca de las opciones terapéuticas, acceda a este enlace: Epilepsias y crisis: Esperanza en la investigación

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Elsewhere On The Web

FEEN (informe sociosanitario FEEN sobre la epilepsia en España)NINDS Epilepsy Information PageCDC: EpilepsiaMayo Clinic: EpilepsiaVivir con epilepsiaOrganización Mundial de la Salud: EpilepsiaMedlinePlus: EpilepsiaNemours TeensHealth: ¿Qué es la epilepsia?Epilepsy FoundationAmerican Epilepsy Society: For Patients

Bibliografía

Este artículo está basado en las fuentes bibliográficas que se citan a continuación, así como en la propia experiencia del Comité de expertos y revisores de Lab Tests Online. Además, este apartado es revisado periódicamente por el Consejo Editorial, con el fin de mantenerlo actualizado.

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