También conocido como
espondilitis anquilopoyética, EA, espondiloartritis anquilopoyética o anquilosante, espondilitis reumática
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05.04.2018.
¿En qué consiste?

La espondilitis anquilosante (EA) es una forma de artritis que afecta a la columna y constituye una condición crónica. Ocasiona una inflamación dolorosa de las articulaciones de la columna vertebral y de las que existen entre la parte inferior de la columna vertebral y la pelvis. En casos avanzados, las vértebras pueden fusionarse entre ellas, limitando todavía más el movimiento y forzando la posición encorvada de los afectados. A veces puede afectar a otras articulaciones u órganos.

Entre los primeros síntomas de la EA se incluyen dolor y rigidez en la parte inferior de la espalda y en caderas, que pueden haber empezado en las primeras fases de la edad adulta o incluso un poco antes. El dolor y la rigidez pueden fluctuar a lo largo del tiempo y extenderse a otras zonas del organismo. En un 40% de las personas con EA existe una afectación ocular conocida como uveítis; esto puede ocasionar dolor ocular, molestias e hipersensibilidad a la luz y visión borrosa. Otras complicaciones pueden ser disfunción cardíaca y enfermedad pulmonar.

Se cree que la EA es una enfermedad autoinmune. Un factor desencadenante como una infección puede provocar que el organismo reaccione de manera inadecuada, apareciendo inflamación. Con el tiempo, la inflamación de los ligamentos que recubren a los huesos llevan a la formación de hueso nuevo, y esto en las vértebras favorece su fusión (anquilosis). Como resultado se produce una falta de movilidad así como una rigidez de la caja torácica, que a su vez impide la expansión del tórax, disminuye la capacidad pulmonar y dificulta la respiración.

La espondilitis anquilopoyética es más frecuente en varones que en mujeres y suele diagnosticarse al final de la adolescencia o ya en la segunda o tercera década de la vida. Las personas con el gen HLA-B27 (que regula la producción del antígeno HLA-B27) presentan mayor riesgo de desarrollar esta enfermedad. Sin embargo, el hecho de tener el gen no conduce obligatoriamente a una espondilitis anquilosante. Los investigadores siguen estudiando la posibilidad de que existan otros factores desencadenantes.

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Acerca de Espondilitis anquilosante
  • Pruebas relacionadas

    El diagnóstico de la espondilitis anquilosante (EA) se establece evaluando los signos y síntomas del individuo, aunque las pruebas de laboratorio y otras pruebas complementarias son de utilidad. Entre estas pruebas se incluye:

    • Proteína C reactiva - para detectar la presencia de inflamación
    • Velocidad de sedimentación globular (VSG) - también asociada a inflamación
    • Hemograma - para detectar anemia, que puede constituir una complicación de la inflamación crónica, y aumento del recuento de leucocitos como marcador de inflamación
    • HLA-B27 - para determinar si la persona afectada presenta en la superficie de sus células este antígeno humano leucocitario; en caso de que sea positivo, el riesgo de que se trate de una EA aumenta de manera significativa
    • Radiografías u otras pruebas de imagen - para detectar si existen cambios en las articulaciones y huesos, aunque es posible que pasen muchos años antes de que se puedan observar las transformaciones degenerativas características de la EA

    El diagnóstico precoz permite prevenir o retrasar las complicaciones de la enfermedad.

  • Tratamiento

    A pesar de que la espondilitis anquilosante o anquilopoyética (EA) no se puede curar, el ejercicio y la actividad física ayudan a prevenir la rigidez articular. Se prescriben fármacos para aliviar el dolor y la inflamación, por ejemplo antiinflamatorios no esteroideos (AINEs) como ibuprofeno, naproxeno e indometacina. Otros tratamientos consideran la administración de fármacos antireumáticos moduladores de la enfermedad (DMARDs, por sus siglas en inglés) como metotrexate o sulfosalazina, y también corticosteroides como prednisona. Se dispone de fármacos más nuevos que bloquean el factor de necrosis tumoral (TNF) como adalimumab, etanercept, infliximab y golimumab. No obstante, todos estos fármacos se asocian a efectos secundarios no deseados y por ello el médico selecciona las opciones terapéuticas más adecuadas para cada individuo.

Bibliografía

NOTA: Este artículo está basado en las fuentes bibliográficas que se citan a continuación, así como en la propia experiencia del Comité de expertos y revisores de Lab Tests Online. Además, este apartado es revisado periódicamente por el Consejo Editorial, con el fin de mantenerlo actualizado.

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