Alergias

31/12/2022

También conocido como: hipersensibilidad

¿En qué consiste?

Las alergias son estados de hipersensibilidad o reacciones exageradas del sistema inmune hacia sustancias que, en condiciones normales, no causan reacción alguna en la mayoría de los individuos. Las sustancias que desencadenan estas reacciones reciben el nombre de alérgenos.

Se estima que a nivel mundial el porcentaje de personas que sufren algún tipo de alergia ha aumentado significativamente en los últimos 50 años; casi el 50% de los niños presenta algún tipo de alergia, como mínimo a un tipo de alimento, insecto, fármaco, animal o sustancias vegetales.

Aunque todo el mundo puede desarrollar una alergia, el hecho de tener familiares con alergia aumenta el riesgo de desarrollarla. Sin embargo, aunque exista una predisposición, la persona no tiene necesariamente que reaccionar de manera anómala a las mismas sustancias que sus familiares; depende del tipo de alérgeno al que se exponga y de la respuesta que genere su sistema inmune.

Las hipersensibilidades se agrupan en cuatro tipos (I a IV), según las partes del sistema inmune que estén activadas, y en función del tiempo que tarda en aparecer la reacción alérgica.  

Dos de los tipos de hipersensibilidad comúnmente asociados a alergias son:

  • Hipersensibilidad inmediata de tipo I: las personas con este tipo de alergia producen, cuando se exponen a un alérgeno, unas proteínas conocidas como anticuerpos que consisten en una inmunoglobulina E (IgE). Cuando estos anticuerpos se unen al alérgeno, se desencadenan en unos pocos minutos reacciones locales y a veces generales (o sistémicas).
  • Hipersensibilidad retardada de tipo IV: estas reacciones aparecen por interacciones entre los alérgenos y unas células inmunes específicas sensibilizadas, conocidas como linfocitos T.

Hipersensibilidad tipo I

La hipersensibilidad de tipo I afecta principalmente a los sistemas respiratorio, intestinal y cutáneo. La primera vez que un individuo con predisposición se expone a la sustancia potencialmente alergénica, no se asocia a una reacción alérgica importante; sin embargo, esta persona, en ese primer contacto producirá anticuerpos de tipo IgE contra esa sustancia extraña, que serán específicos contra el alérgeno en cuestión, quedando definitivamente sensibilizada. Una vez que la persona se ha sensibilizado, las exposiciones subsiguientes pueden provocar reacciones graves.

Los anticuerpos de tipo IgE producidos se adhieren en los tejidos a las células cebadas o mastocitos (un tipo de células especializadas) y en la sangre se unen a los basófilos (un tipo de leucocitos). Esta unión pone en marcha al sistema inmune. En exposiciones posteriores al alérgeno, esta IgE específica reconoce el alérgeno, adhiriéndose al mismo e induciendo la liberación de mediadores químicos como la histamina; el resultado es que se originan una serie de signos y síntomas alérgicos característicos a nivel de la boca, la nariz o la piel, o cualquier otro punto de entrada del alérgeno.

La gravedad de las reacciones alérgicas del tipo 1 es variable. A veces ocasionan inicialmente erupciones o urticaria, pero en los contactos posteriores pueden producir una reacción alérgica aguda conocida como anafilaxis, que puede poner en peligro la vida del afectado. La anafilaxis consiste en una reacción multiorgánica que puede empezar con agitación, sensación de muerte inminente, palidez cutánea debida a una baja presión sanguínea (hipotensión) y/o desmayos o pérdida de conciencia. Sin la administración rápida de una inyección de adrenalina, la anafilaxis puede ser fatal.

Las reacciones alérgicas del tipo 1 pueden producirse en respuesta a diversas sustancias, entre las que se incluyen:

  • Alimentos.
  • Plantas: pólenes, semillas, hierba.
  • Venenos de insectos.
  • Saliva de perros y gatos, descamaciones de la piel de animales.
  • Ácaros del polvo.
  • Esporas del moho.
  • Sustancias ocupacionales: látex.
  • Fármacos: como penicilina.

También pueden existir reacciones cruzadas; por ejemplo, una persona alérgica a la ambrosía puede también reaccionar anómalamente frente al melón, la sandía o los plátanos. La causa más frecuente de reacción anafiláctica grave causada por alimentos la constituyen los cacahuetes, los frutos secos como las nueces y el marisco.

Hipersensibilidad tipo IV

Las reacciones de hipersensibilidad retardada de tipo IV suelen afectar a la piel y se definen así porque la reacción aparece de manera característica entre las 48 y 72 horas después de la exposición al alérgeno. Estas reacciones se producen cuando un antígeno interacciona con linfocitos T específicos y sensibilizados. Estos linfocitos liberan sustancias inflamatorias y tóxicas, que a su vez atraen hacia el foco de la exposición a otras células sanguíneas de la serie blanca (leucocitos), produciendo una lesión tisular. En este caso, el sistema inmune no requiere ningún mecanismo cebador; se puede desarrollar una reacción de tipo IV en el curso de la primera exposición al alérgeno. Un ejemplo común de este tipo de alergia lo constituye la reacción a la hiedra venenosa.

¿Qué es lo que no se considera una alergia?

Existen otras reacciones que ocasionan signos y síntomas similares a los de alergia, pero que no son atribuibles a la activación del sistema inmune. Estas reacciones pueden obedecer a una causa tóxica y afectar a cualquier persona siempre que exista una exposición suficiente como sería el caso de una intoxicación alimentaria debida a toxinas bacterianas; o bien pueden deberse a una causa genética como intolerancia por deficiencias enzimáticas (por ejemplo: una incapacidad para digerir correctamente el azúcar de la leche generando una intolerancia a la lactosa, o una sensibilización al gluten en la enfermedad celíaca). En algunas personas pueden presentarse manifestaciones similares ante la ingestión de aspirina, de algunos antibióticos, de colorantes alimentarios y potenciadores del sabor, como el glutamato monosódico. También se han descrito casos desencadenados por estímulos de tipo psicológico. A pesar de que todos los casos expuestos deben de ser investigados por un médico, no se trata de alergias y por lo tanto, no será posible identificarlos con las pruebas destinadas al estudio de alergias.

Acerca de las alergias

Signos y síntomas

Los dos tipos de hipersensibilidad asociados a las alergias son la hipersensibilidad inmediata de tipo I y la hipersensibilidad diferida de tipo IV.

Signos y síntomas del tipo I

  • En la pie: una típica reacción alérgica aguda de tipo I causa urticaria, dermatitis y prurito (picor); en el caso de cronificarse aparece dermatitis atópica y eczema.
  • A nivel respiratorio: la reacción alérgica aguda ocasiona tos, congestión nasal, estornudos, opresión en la garganta e incluso asma. Puede también producir enrojecimiento y escozor en los ojos.
  • En el tracto gastrointestinal: las reacciones alérgicas agudas empiezan a manifestarse en la boca con sensación de hormigueo, picor, sabor metálico, e incluso hinchazón de la lengua y de la garganta; posteriormente aparece dolor abdominal, espasmos musculares, vómitos y diarrea, pudiendo cronificarse con problemas intestinales diversos.

La gravedad de las reacciones alérgicas de tipo I es variable. Los signos y síntomas pueden ser leves y de poca duración, o bien graves y poner en peligro la vida del afectado. Cualquier reacción alérgica aguda puede, potencialmente, poner en peligro la vida del individuo, ocasionando anafilaxis. La anafilaxis consiste en una reacción multiorgánica que puede iniciarse con:

  • Agitación.
  • Sensación de muerte inminente.
  • Palidez cutánea debida a una baja presión sanguínea (hipotensión).
  • Pérdida de conciencia (desmayos).

Otros signos y síntomas de anafilaxia incluyen:

  • Erupción, urticaria.
  • Inflamación de la garganta, dificultad para tragar.
  • Sibilancias (silbidos al respirar), dificultad respiratoria, opresión en el tórax.
  • Vómitos, diarrea, calambres.

En el caso de no actuar rápidamente inyectando adrenalina, la anafilaxis puede ser fatal.

Signos y síntomas del tipo IV

Las reacciones de hipersensibilidad retardada de tipo IV suelen manifestarse a nivel cutáneo. Las reacciones al níquel, presente en las joyas y otros metales, constituyen un ejemplo común de este tipo de hipersensibilidad. La hipersensibilidad de tipo IV suele cursar con una reacción local en el lugar de la exposición, con enrojecimiento, hinchazón, endurecimiento de la piel, eczema y dermatitis (inflamación de la piel), que se produce a las horas o incluso al cabo de algunos días de la exposición.

Pruebas de laboratorio

El diagnóstico de la hipersensibilidad de tipo I empieza por una revisión exhaustiva de los signos y síntomas que refiere el afectado, así como de los antecedentes personales y familiares, haciendo hincapié en la edad de presentación, conocer si las manifestaciones se presentan con carácter estacional, si aparecen después de estar en contacto con animales, o después de haberse expuesto al heno, al polvo, o si por el contrario se desarrollan más frecuentemente en ciertos ambientes específicos (trabajo, hogar). No debe olvidarse que el estilo de vida y otros factores ambientales como la polución, tabaquismo, consumo de alcohol y de drogas, estrés, ejercicio, pueden exacerbar los síntomas. Una vez seleccionado el posible alérgeno entre los más probables, puede iniciarse el estudio con pruebas específicas.

  • IgE total: a veces se solicita para evaluar cómo evoluciona un proceso alérgico. La prueba detecta la presencia de proteína de tipo IgE, incluyendo a los anticuerpos propios de la alergia, aunque no permite identificar los alérgenos específicos. Las concentraciones de IgE total pueden estar aumentadas por otros motivos distintos de una alergia.
  • IgE específica para el alérgeno: es una prueba de laboratorio (inmunoensayo y RAST-radioalergosorbente) que es útil para ayudar a diagnosticar las alergias. La prueba  mide en sangre los anticuerpos IgE alérgeno-específicos, para detectar una alergia a una sustancia en particular. Se debe obtener una muestra de sangre y enfrentarla a los diferentes alérgenos sospechados. Debe procederse alérgeno por alérgeno. También existen paneles, por ejemplo, para alergias a alimentos que contienen los alérgenos más comunes, o paneles que incluyen los alérgenos más habitualmente encontrados en el ambiente típico de la zona donde reside el afectado. Existen también pruebas muy específicas que permiten diferenciar claramente entre los distintos tipos de alérgenos: abejorro frente a abeja, clara de huevo frente a yema de huevo, etc.

El médico seleccionará el estudio frente a los alérgenos adecuados. Normalmente, solamente se tiene alergia a unas pocas sustancias (4 ó menos). Si una prueba IgE específica resulta negativa, entonces es probable que la persona no sea alérgica a la sustancia estudiada. Una prueba positiva debe evaluarse en el contexto clínico de cada persona. Es posible tener un valor bajo de este tipo de anticuerpos IgE y presentar reacciones graves ante exposiciones al alérgeno; contrariamente, pueden hallarse valores elevados y no presentar nunca ningún tipo de reacción. Los niños que han superado ya alergias de tipo alimentario pueden seguir presentando pruebas positivas (IgE específica) durante muchos años.

Nota: el método empleado tradicionalmente se conoce como RAST (por sus siglas en inglés), pero actualmente ha quedado ampliamente sustituido con otros métodos de inmunoensayo más específicos. A veces se sigue empleando el término RAST, a pesar de que no sea la metodología en uso.

Otras pruebas de alergia son:

  • Pruebas cutáneas (pinchazos o arañazos): se realizan en la misma consulta médica por un profesional experto. Suelen utilizarse para detectar alérgenos ambientales como polen, polvo y moho. Sin embargo, debido al riesgo de generar una reacción grave, este tipo de pruebas no suele utilizarse para las alergias de tipo alimentario. En el caso de estar tomando antihistamínicos o antidepresivos, es necesario dejar la medicación los días previos a la realización de la prueba; tampoco puede realizarse la prueba si la persona presenta un eczema. Si la cantidad de alérgeno inoculada es demasiado grande, incluso una persona no alérgica podría dar una respuesta falsamente positiva.
  • Pruebas de alergia intradérmicas: se basan en inyecciones de sustancias que generan una pequeña ampolla bajo la piel; su uso no está muy extendido debido a la gran cantidad de resultados falsamente positivos.
  • Pruebas con parches cutáneos: los parches para hipersensibilidad retardada constituyen un método fácil para detectar las reacciones de hipersensibilidad retardada de tipo IV. Se aplica sobre la piel y bajo un parche adhesivo no absorbente, una concentración determinada del alérgeno sospechoso, dejándose aplicado por un período de 48 horas. Si antes de que transcurra este tiempo aparece quemazón o escozor, se retira el parche. Se considera que la prueba es positiva si aparece enrojecimiento junto con tumefacción e hinchazón de la piel; a veces, pueden aparecer vesículas (o ampollas). Es posible que en ciertos casos las reacciones no aparezcan hasta después de retirarse el parche, por lo que también se sigue controlando la zona expuesta al parche a las 72 y a las 96 horas.
  • Pruebas de provocación con alimentos: son consideradas como el estándar ideal para diagnosticar las alergias de tipo alimentario. Son complicadas y requieren de una supervisión médica constante, porque las reacciones pueden ser graves, desencadenando incluso una anafilaxis. Estas pruebas suponen administrar pequeñas cantidades de alérgenos de tipo alimentario en forma de cápsulas por vía intravenosa, y observar las reacciones alérgicas que se desencadenan. En el caso de obtener resultados negativos, se repite la prueba con cantidades mayores de alérgeno.
  • La eliminación o supresión del agente desencadenante: constituye otra manera de estudiar las alergias de tipo alimentario, se eliminan todos los alimentos sospechosos de la dieta y se van reintroduciendo de uno en uno, hasta averiguar el alimento que origina la alergia.

Prevención

Existe cierta evidencia de que los niños que han seguido lactancia materna presentan menos reacciones de hipersensibilidad de tipo I y IV. Se piensa también que el hecho de convivir en un ambiente demasiado "higiénico" y libre de alérgenos favorece el desarrollo de alergias. Algunos estudios han demostrado que los niños que se han criado en granjas tienden a presentar menos alergias que aquellos que se han criado en ambientes libres de alérgenos.

Evitar y eliminar el alérgeno: una vez que se ha desarrollado la alergia, la mejor manera de prevenir las reacciones es evitando en la medida de lo posible nuevas exposiciones. En el caso de los alimentos, puede suponer eliminar la sustancia en cuestión de la dieta durante un período más o menos largo de la vida del individuo, a la vez que se deben vigilar los posibles ingredientes escondidos o no evidentes en comidas preparadas y en restaurantes. Por ejemplo, una espátula que ha estado en contacto con galletas de mantequilla de cacahuete antes de servir galletas de chocolate puede estar suficientemente contaminada para provocar una reacción alérgica en una persona alérgica al cacahuete.

En el caso de la alergia a insectos y animales, lo mejor es evitar el contacto con los mismos. En el caso de alérgenos ambientales, como polen, césped, hierbas y otras plantas, limitar las salidas al exterior puede ayudar, aunque no siempre evitará las reacciones alérgicas. Hay personas que prefieren mudarse a otras zonas para intentar eludir los alérgenos locales; a menudo no resulta efectivo, ya que los individuos con alergias suelen desarrollar nuevas alergias a pólenes u otras plantas en la nueva área a la que se han mudado.  

Desensibilización (inmunoterapia, tratamiento inmune específico, “inyecciones alérgicas”): es lo que a veces se recomienda si el alérgeno no puede ser evitado. Supone administrar al individuo inyecciones regulares del alérgeno, a dosis cada vez mayores de manera que el organismo se vaya acostumbrando al alérgeno. Las inyecciones disminuyen la cantidad de anticuerpos IgE en sangre a la vez que obligan al organismo a fabricar otro tipo de anticuerpos o inmunoglobulinas protectoras, de tipo IgG.

Sin embargo, estas inyecciones no están libres de efectos colaterales, como urticaria y erupciones; también pueden desencadenar reacciones anafilácticas. La desensibilización resulta más efectiva para las personas que padecen fiebre del heno y alergias graves a aguijones de insectos. Muchas personas con fiebre del heno mejoran de tal modo que los síntomas disminuyen en 12 meses; además, en dos terceras partes de los individuos que lo prueban, suele ser eficaz. Se puede continuar con este tipo de tratamiento durante 3 años; a partir de ese momento, es recomendable abandonar dicho tratamiento. Algunas personas consiguen mantener la mejoría durante períodos prolongados; otras vuelven a recaer. No se recomienda el uso de la inmunoterapia en las alergias de tipo alimentario.

Tratamiento

Tratamiento sintomático a corto plazo: se utiliza para aliviar los signos y síntomas. Por ejemplo, ante síntomas de tipo respiratorio, se prescriben antihistamínicos, esteroides tópicos nasales, esteroides orales y anticongestivos. Ante una anafilaxis o reacción anafiláctica se administra una inyección de adrenalina. Las personas con antecedentes de haber tenido reacciones graves previas, deberían llevar siempre consigo una dosis preparada de adrenalina para poder inyectarla. Cualquier tratamiento con adrenalina debe ser supervisado por un médico, ya que con frecuencia será necesario aplicar un tratamiento de soporte y un buen seguimiento del mismo.

 

Enlaces

Pruebas relacionadas: 

Fórmula leucocitaria

Hemograma

Histamina

Inmunoglobulina E (IgE)

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Recuento de leucocitos

Estados fisiológicos y enfermedades:

Asma

Enfermedad celíaca

Noticias:

Más detalles acerca de las células T

En otras webs:

Red Española de Aerobiología (REA)

Laboratorio de estudio de pólenes: Punto de información aerobiológica (PIA)

Universidad de Córdoba: Red Española de Aerobiología (REA)

Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC): ¿Qué es el asma?

European Aeroallergen Network (EAN)

National Institute of Environmental Health Science (NIH): Allergens

Asthma and Allergy Foundation of America (AAFA): Allergies

‍‍American Academy of Allergy, Asthma, and Immunology (AAAAI)

National Institute of Environmental Health Sciences (NIH)

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