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¿En qué consiste?

La cirrosis consiste en la sustitución del tejido normal del hígado por tejido fibroso con cicatrices a consecuencia de una enfermedad hepática crónica. Esta fibrosis afecta a la estructura del hígado, disminuyendo su funcionalismo. La cirrosis puede acontencer a consecuencia de una gran variedad de enfermedades hepáticas crónicas, pudiendo tardar años o décadas en instaurarse. Contrariamente a lo que sucede en otros tejidos del organismo, las cicatrices del hígado pueden en algunos casos ser reversibles, si bien es difícil saber cuales serán reversibles o permanentes.

El hígado es un órgano vital localizado en la parte superior derecha del abdomen. Entre sus funciones destacan las de convertir los nutrientes procedentes de la dieta en componentes sanguíneos esenciales, producir muchos de los factores necesarios para asegurar una correcta coagulación sanguínea, metabolizar sustancias para que no sean nocivas para el organismo y producir bilis - fluido necesario para la digestión de las grasas.

Las enfermedades hepáticas pueden repercutir sobre cualquiera de estas funciones críticas, y pueden ser consecuencia de infecciones, lesiones o traumatismos, exposición a sustancias tóxicas, procesos autoinmunes o a déficits genéticos que llevan a un almacenamiento o acumulación de sustancias como cobre o hierro. El daño producido por las enfermedades hepáticas puede comportar inflamación, obstrucción de las vías hepáticas y/o trastornos de la coagulación. Daños o lesiones prolongados y persistentes pueden conducir a un exceso de tejido conectivo o a fibrosis del hígado. La fibrosis puede llevar a una cirrosis.

Cuando existe cirrosis, la estructura del hígado se modifica y se forman nódulos de células envueltos por tejido fibroso. Este tejido no tiene la capacidad de funcionar como el tejido hepático normal y puede causar interferencias en el flujo sanguíneo y de la bilis (más raramente) a su paso por el hígado. Si la cirrosis progresa, otros órganos y tejidos del organismo pueden verse afectados. Algunos ejemplos de estas afectaciones y complicaciones son:

  • Aumento de la presión de la vena porta, vena que transporta la sangre hacia el hígado; se habla en estos casos de hipertensión portal
  • Hinchazón de las venas con posible sangrado del esófago y/o del estómago (varices esofágicas y/o gástricas) debidas a la hipertensión portal, que conlleva un redireccionamiento de la sangre hacia estas venas más pequeñas
  • Aumento de sustancias tóxicas en la sangre, pudiendo causar confusión y otras alteraciones del estado mental (encefalopatía hepática)
  • Ascitis - se acumula líquido en el abdomen (cavidad peritoneal)
  • Alteración de la función renal (síndrome hepato-renal)
  • Disminución de la producción de factores de la coagulación, lo que puede provocar la aparición de hematomas y sangrados

Las personas con cirrosis presentan mayor riesgo de desarrollar cáncer de hígado (carcinoma hepatocelular). Se estima que este tipo de cáncer aparece anualmente en el 3-5% de los individuos con cirrosis.

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Acerca de Cirrosis
  • Causas

    Si el daño hepático es agudo o limitado, la reparación del hígado suele acontecer por sí sola. No son las lesiones a corto plazo las que originan una cirrosis, sino las lesiones repetidas o persistentes a lo largo de los años. Las causas son múltiples aunque se suelen poder clasificar en alguna de las siguientes categorías:

    • Alcohólica - el consumo excesivo de alcohol de manera prolongada en el tiempo puede conducir a una enfermedad hepática de causa alcohólica y a cirrosis
    • Asociada a hepatitis, como hepatitis víricas, hepatitis autoinmunes y a enfermedad hepática de causa no alcohólica
    • Biliar - obstrucción y/o lesión de los conductos biliares
    • Cardiaca - la insuficiencia cardiaca congestiva puede con los años ocasionar lesión hepática y cirrosis
    • Metabólica o hereditaria - aquí se incluirían enfermedades como fibrosis quística, hemocromatosis, enfermedad de Wilson, síndrome de Fanconi
    • Asociada a fármacos y tóxicos (distintos del alcohol)
    • De causa desconocida - la causa de la cirrosis de desconoce en aproximadamente un 10% de los casos

    La frecuencia de estas causas varía en función de la población y del área geográfica. Entre las principales causas se incluyen la hepatitis C y el alcoholismo. También hay un número de casos no despreciables atribuibles a la hepatitis B (a veces coinfección con hepatitis D). Existen dos causas no infecciosas importantes de cirrosis cuya frecuencia va en aumento: hígado graso de causa no alcohólica (NAFLD) y esteatohepatitis no alcohólica (NASH).

  • Síntomas

    Es posible que muchas personas con cirrosis no presenten síntomas, o muy pocos. El hígado es capaz de compensar la lesión de tal manera que los síntomas no aparecen hasta que el estado de fibrosis y cicatrización está avanzado.

    Los signos y síntomas pueden ser inespecíficos e incluyen:

    • Fatiga
    • Debilidad
    • Confusión y dificultad de concentración
    • Malestar abdominal
    • Picor
    • Hinchazón y distensión del abdomen (debido a la ascitis)
    • Ictericia
    • Facilidad de sangrado y aparición de hematomas
  • Pruebas relacionadas

    Es importante detectar la cirrosis cuanto antes mejor ya que la lesión va instaurándose a pesar de que no existan síntomas o sean mínimos. Si se consigue eliminar o controlar la causa de la lesión, el proceso de fibrosis se detendrá e incluso es posible que algunas de las cicatrices fibrosas hepáticas desaparezcan. A pesar de que son diversas las pruebas de laboratorio que permiten detectar lesión hepática, ninguna de ellas permite diagnosticar una cirrosis. El "patrón aúreo" para el diagnóstico de la cirrosis es la biopsia del hígado; sin embargo este procedimiento es invasivo y en algunos causas es posible que tampoco se consiga detectar la causa.

    Ciertas pruebas de laboratorio comunes permiten detectar lesión hepática así como evaluar la severidad de la misma, especialmente si el individuo en cuestión presenta algún factor de riesgo para desarrollar cirrosis. Pueden solicitarse otras pruebas adicionales para identificar la causa subyacente y monitorizar el estado de salud del individuo a lo largo del tiempo y su riesgo de que desarolle un carcinoma hepatocelular.

    Pruebas de laboratorio

    • En personas sin síntomas, la lesión hepática se puede detectar en el curso de un examen médico rutinario, al solicitar las pruebas más comunes de laboratorio
    • Puede solicitarse un pefil hepático si el individuo presenta síntomas compatibles con lesión hepática

    Las pruebas que se solicitan son las siguientes:

    • Alanina aminotransferasa (ALT) - enzima que se halla principalmente en hígado; sus niveles pueden aumentar moderadamente en caso de que exista lesión hepática, incluso cirrosis
    • Aspartato aminotransferasa (AST) - enzima que se halla en hígado pero también en otros tejidos; sus niveles pueden aumentar moderadamente en caso de que exista lesión hepática, incluso cirrosis
    • Fosfatasa alcalina - enzima asociado a alteraciones en los conductos biliares; sus niveles serán a menudo normales
    • Gamma-glutamiltransferasa (GGT) - enzima que se halla principalmente en hígado; sus niveles serán a menudo normales
    • Bilirrubina total - mide toda la bilirrubina sanguínea; aumenta en diversas enfermedades hepáticas aunque las concentraciones pueden ser normales hasta fases muy avanzadas de cirrosis
    • Albúmina - proteína sintetizada en el hígado; puede estar disminuida

    Si alguna de estas pruebas resulta alterada, se añadirán estudios adicionales. Normalmente es más importante evaluar el patrón y la relación que mantienen estas pruebas entre ellas que la interpretación aislada de cada una de ellas. Es posible que se repita su medida al cabo de unos días del primer análisis para averiguar si el patrón se mantiene y ofrece ayuda diagnóstica.

    Otras pruebas de laboratorio comunes incluyen:

    • Hemograma - para evaluar el estado de las células de la sangre (hematíes o eritrocitos y leucocitos) y plaquetas; en caso de que se haya producido algún sangrado puede existir anemia; en la cirrosis el recuento de plaquetas puede estar disminuido
    • Tiempo de protrombina (TP/INR) - muchos factores de la coagulación se producen en el hígado; esta prueba permite evaluar el estado de coagulación del individuo y puede estar prolongada en la cirrosis

    Muchas de las pruebas listadas anteriormente pueden ser útiles para monitorizar la progresión de la cirrosis. Los valores obtenidos serán cada vez más anómalos conforme avanza la cirrosis.

    Pruebas para el seguimiento

    • Pruebas de la hepatitis B y de la hepatitis C, para averiguar si estas infecciones son la causa de la enfermedad
    • Análisis de líquido peritoneal si existe ascitis
    • Biopsia hepática, que supone la obtención de una muestra de tejido hepático para evaluar la estructura y las células del hígado. Puede indicar sin lugar a dudas la presencia de cirrosis; sin embargo, como la muestra es minúscula, un resultado negativo no descarta definitivamente la existencia de cirrosis

    En función de la causa que se sospeche, pueden solicitarse una o varias de las siguientes pruebas:

    • Pruebas relacionadas con el metabolismo del hierro - si se sospecha hemocromatosis
    • Cobre y ceruloplasmina - si se sospecha enfermedad de Wilson
    • Anticuerpos antimitocondriales (AMA) - si se sospecha cirrosis biliar primaria
    • Alfa-1antitripsina - para diagnosticar si existe déficit de esta proteína
    • Pruebas genéticas específicas para enfermedades hereditarias (hemocromatosis, enfermedad de Wilson)
    • Ácido hialurónico - se asocia a fibrosis aunque se trata de una prueba no utilizada ampliamente; en caso de estar disminuido es poco probable que exista fibrosis

    Otras pruebas se solicitan para monitorizar el desarrollo de posibles complicaciones:

    • Alfa-fetoproteína (AFP) - a menudo discretamente elevada en la cirrosis, pero puede aumentar en caso de cáncer de hígado
    • Des-gamma-carboxi protrombina - puede aumentar en caso de cáncer de hígado
    • Amonio

    Más raramente pueden realizarse cálculos a partir de otras pruebas para establecer la probabilidad de que se desarrolle cirrosis o para establecer su pronóstico:

    • Escala de puntuación de Child-Turcotte-Pugh (CTP) para la cirrosis - para evaluar la expectativa de vida en estados muy avanzados de cirrosis
    • MELD (modelo para enfermedad hepática en fase terminal) - en la evaluación de personas con elevado riesgo de mortalidad, para considerar un trasplante de hígado
    • Algoritmos de cálculo diversos que permiten reconocer la presencia y la severidad del estado de fibrosis del hígado

     

    Otras pruebas ajenas al laboratorio

    • Ultrasonidos (ecografías) - solicitados a veces para poder diagnosticar enfermedad por hígado graso de causa no alcohólica (NAFLD)
    • Una vez existe cirrosis, ecografías periódicas para controlar que no se desarrolle un carcinoma hepatocelular (cáncer de hígado)
    • Elastografía - para evaluar el grado de fibrosis
  • Prevención y Tratamiento

    Prevención

    Se pueden tomar medidas para evitar o minimizar el riesgo de ciertas formas de enfermedad hepática, previniendo así el desarrollo de cirrosis. Algunos ejemplos de prevención serían:

    • Enfermedad hepática de causa alcohólica - ser moderado en el consumo de alcohol
    • Infección por el virus de la hepatitis C - tomando precauciones como no compartir jeringuillas ni maquinillas de afeitar
    • Infección por el virus de la hepatitis B - vacunándose y evitando exposición al virus
    • Algunos casos de enfermedad por hígado graso de causa no alcohólica - manteniendo un peso adecuado

     

    Tratamiento

    En pesonas con cirrosis el tratamiento supone:

    • Corregir y tratar la causa subyacente de enfermedad hepática siempre que sea posible
    • Mantener y preservar el grado de función hepática existente
    • Tratar las complicaciones

    Las personas con cirrosis no deberían consumir bebidas alcohólicas y deberían evitar sustancias potencialmente tóxicas para el hígado. Es posible que para garantizar un estado nutricional adecuado se deba modificar la dieta o completarla con suplementos. Como el hígado puede no ser capaz de procesar o metabolizar ciertos fármacos como un hígado sano, el médico establecerá las pautas medicamentosas específicamente para cada individuo.

    A veces se necesita realizar una endoscopia para evaluar si las venas esofágicas están dilatadas (varices) y para tratar posibles sangrados. En casos avanzados de cirrosis puede ser necesario un trasplante de hígado.

Bibliografía

NOTA: Este artículo está basado en las fuentes bibliográficas que se citan a continuación, así como en la propia experiencia del Comité de expertos y revisores de Lab Tests Online. Además, este apartado es revisado periódicamente por el Consejo Editorial, con el fin de mantenerlo actualizado.

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