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Este artículo fue modificado por última vez el 19.04.2018.
¿En qué consiste?

La hipertensión consiste en un aumento persistente de la presión sanguínea que pone a prueba al corazón y que puede, a largo plazo, provocar lesiones en diversos órganos como riñones, cerebro, ojos y el propio corazón. La presión sanguínea (PS) es la cantidad de fuerza que la sangre ejerce sobre las paredes de las arterias. La PS depende de la fuerza y de la velocidad de contracción del corazón cuando bombea la sangre y de la resistencia a este flujo. La resistencia depende de la elasticidad y el diámetro de los vasos sanguíneos y de la cantidad de sangre que fluye por ellos.

La presión sanguínea aumenta y disminuye dependiendo del nivel de actividad de la persona, del momento del día y del estrés tanto físico como emocional. En las personas sanas, este proceso se controla principalmente por el sistema nervioso autónomo y también está regulado por distintas hormonas. Entre ellas se incluyen la angiotensina II (producida por los riñones) que ocasiona un aumento de la resistencia en los vasos sanguíneos, la aldosterona (producida por las glándulas adrenales o suprarrenales) relacionada con la cantidad de sodio, potasio y fluidos excretados por lo riñones, y las catecolaminas (como la adrenalina) que se sintetizan en las glándulas adrenales en respuesta al estrés, y hacen aumentar la frecuencia cardíaca y la resistencia de los vasos sanguíneos. Cuando se altera el equilibrio normal de una o varias de estas hormonas puede aparecer hipertensión.

Cuando se evalúa la presión sanguínea, se realizan dos medidas de presión: sistólica y diastólica. La presión sistólica hace referencia a la fuerza ejercida sobre las paredes de los vasos sanguíneos cuando el corazón se contrae, y la presión diastólica a la fuerza presente cuando el corazón se relaja entre latido y latido. Ambas se miden en milímetros de mercurio (mmHg) y la sistólica se expresa primero y después la diastólica. Por ejemplo, una presión sanguínea de 120/80 mmHg corresponde a una presión sistólica de 120 y a una diastólica de 80. Estas cifras son las más altas que pueden considerarse como normales. Una única medida de la presión sanguínea no es suficiente; se realizan de manera característica diversas medidas en distintos días, y si los resultados son consistentemente elevados, se realiza un diagnóstico de hipertensión.

Normalmente, las presiones diastólicas son un reflejo de las sistólicas pero, a medida que aumenta la edad de la persona, la presión diastólica tiende a nivelarse y la hipertensión en la que únicamente está implicada la presión sistólica (conocida como hipertensión sistólica aislada) se vuelve mucho más común. En general, cuanto más tiempo se mantiene la presión elevada, mayor es el potencial para el daño.

En la tabla siguiente se resumen las clasificaciones para la presión arterial, basadas en las recomendaciones del National Heart Lung and Blood Institute (NHLBI) a través del Joint National Committee on Prevention, Detection, Evaluation and Treatment of High Blood Pressure (JNC 7). Estas categorías son aplicables a la mayoría de adultos sanos o sin enfermedad conocida en el momento de realizar la medida.

Categoría mmHg sistólicos (registro más elevado mientras el corazón bombea)         mmHg diastólicos (registro más bajo cuando el corazón está en reposo)
Normal menos de 120 y menos de 80
Pre-hipertensión 120 - 139 o 80 - 89
Hipertensión - Estadio I 140 - 159 o 90 - 99
Hipertensión - Estadio II igual o mayor a 160 o igual o mayor a 100
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Acerca de Hipertensión
  • Signos y síntomas

    En la mayoría de personas, la hipertensión no causa signos ni síntomas. A menudo se detectará en el curso de una revisión rutinaria. Ocasionalmente la hipertensión puede causar algunos síntomas como dolor de cabeza, mareos o sangrados frecuentes por la nariz, incluso a pesar de estar suficientemente elevada como para poner en peligro la vida del individuo.

    Por este motivo se dice que la hipertensión actúa como un asesino silencioso; eleva el riesgo de padecer un accidente vascular cerebral, infarto agudo de miocardio, enfermedad renal y ceguera. Cuanto más tiempo se mantenga elevada la presión elevada, mayor daño podrá producir. Por esta razón es tan importante someterse a controles periódicos.

  • Causas

    La causa de la hipertensión es desconocida (idiopática). Esta forma de presión sanguínea elevada se conoce como hipertensión primaria o esencial e incluye un 95% de los casos de hipertensión en adultos. Según los Centers for Disease Control and Prevention (CDC) la hipertensión afecta por igual a hombres y mujeres. Sin embargo, en menores de 45 años es más frecuente en varones y a partir de los 65 años, el número de mujeres afectadas aumenta.

    La frecuencia de aparición de hipertensión aumenta con la edad. Se estima que hasta un 90% de las personas con presión sanguínea normal a los 55 años presenta riesgo de desarrollar hipertensión posteriormente. La presión diastólica tiende a estancarse, de manera que aparece con mayor frecuencia una hipertensión que afecta principalmente a la presión sistólica (hipertensión sistólica aislada). Una presión sistólica mayor a 140 mmHg en personas mayores de 50 años constituye un factor de riesgo para desarrollar enfermedad cardiovascular mucho más importante que la presión diastólica.

    Aunque es difícil determinar su causa, existen varios factores que incrementan el riesgo de desarrollar hipertensión y de exacerbarla cuando ya está presente. Entre ellos se incluye:

    • Obesidad
    • Vida sedentaria
    • Fumar
    • Consumo excesivo de alcohol
    • Consumo excesivo de sodio (sal) en la dieta
    • Uso de anticonceptivos orales
    • Consumo de drogas como esteroides, cocaína y anfetaminas
    • Edad
    • Historia familiar

    La hipertensión causada por uno o varios trastornos subyacentes identificables se define como hipertensión secundaria y representa tan sólo el 5% de los casos de hipertensión. Es importante detectar estos trastornos puesto que su tratamiento puede hacer disminuir la hipertensión, alcanzándose incluso valores normales o prácticamente normales de presión arterial con el tratamiento. Entre las causas de hipertensión secundaria se incluye:

    • Lesión o enfermedad renal - disminuye la eliminación de sales y de fluidos del organismo e incrementa el volumen sanguíneo y la presión. Como la hipertensión puede provocar lesión renal, puede convertirse en un problema grave si no se trata
    • Enfermedad cardíaca - puede afectar a la fuerza y a la frecuencia de la contracción cardíaca; también puede ser progresiva
    • Diabetes - puede provocar lesiones renales y afectar a la integridad de los vasos sanguíneos con el paso del tiempo
    • Aterosclerosis - endurecimiento de las arterias que limita su capacidad de dilatarse y contraerse
    • Síndrome de Cushing - trastorno en el que aumenta la producción de cortisol por parte de las glándulas suprarrenales
    • Hiperaldosteronismo (Síndrome de Conn) - trastorno que se caracteriza por una sobreproducción de aldosterona, una hormona que ayuda a regular la retención y excreción  de sodio por los riñones; puede deberse a un tumor de las glándulas suprarrenales (normalmente benigno)
    • Feocromocitoma - tumor de las glándulas suprarrenales (raro y normalmente benigno) que produce cantidades excesivas de adrenalina, una hormona que el organismo utiliza para combatir el estrés; los pacientes afectados suelen padecer crisis hipertensivas graves
    • Enfermedad tiroidea - tanto cantidades excesivas como escasas de hormona tiroidea pueden producir aumentos de la presión arterial
    • Embarazo - la hipertensión puede aparecer en cualquier momento del embarazo aunque suele ser más frecuente en el último trimestre cuando puede provocar preeclampsia o toxemia, un trastorno que se caracteriza por un aumento de la presión sanguínea y retención de líquidos
  • Pruebas relacionadas

    Las pruebas se solicitan por distintos motivos:

    • detectar la presencia de hipertensión y confirmar que el aumento de la presión sanguínea sea persistente
    • determinar si está causada por otro trastorno que se puede resolver o controlar
    • valorar el estado de los órganos antes de empezar el tratamiento
    • monitorizar la hipertensión y el estado de los órganos a lo largo del tiempo

    Medida de la presión sanguínea
    La presión sanguínea se determina de manera tradicional con un estetoscopio y un dispositivo específico de presión arterial (esfigmomanómetro) que incluye un manguito, una bomba y un indicador de presión que mide la presión en milímetros de mercurio (mmHg). Si desea más información, acceda a este enlace.

    Al médico le puede interesar que el individuo lleve un instrumento que monitoriza y graba los valores de la tensión a intervalos regulares de tiempo durante 24 horas, para evaluar así los niveles de presión sanguínea. Esta prueba es de especial ayuda durante el proceso diagnóstico y puede ayudar a identificar aquellas situaciones en las que las personas sólo tienen valores elevados de presión sanguínea en la consulta del médico. Si desea más información, acceda a este enlace.

    Estas dos maneras expuestas anteriormente constituyen medidas indirectas de la presión sanguínea. Raramente se requiere tomarla de forma directa, introduciendo un catéter en la arteria para medir la presión dentro del vaso sanguíneo.

    Pruebas de laboratorio
    Las pruebas de laboratorio no son diagnósticas de hipertensión, pero suelen solicitarse pruebas que ayuden a detectar si existen trastornos que ocasionen y/o exacerben la presión sanguínea; además sirven para evaluar y monitorizar la función de distintos órganos.

    Las pruebas generales que suelen solicitarse son:

    • Urianálisis, proteínas en orina - para valorar la función renal
    • Microalbúmina, urea y/o creatinina - para detectar y monitorizar una disfunción renal o para controlar el efecto de la medicación sobre los riñones
    • Potasio - como parte del panel de electrolitos en el que también se incluyen sodio, cloruro y el dióxido de carbono (CO2); para evaluar y monitorizar el equilibrio electrolítico del organismo. Algunos de los fármacos para el tratamiento de la hipertensión pueden alterar este equilibrio mediante la pérdida excesiva de sodio y potasio
    • Glucosa en ayunas, hemoglobina glicada - para determinar si la concentración de glucosa en sangre se mantiene dentro de lo que se considera normal y para monitorizar posteriormente sus niveles
    • Calcio - para determinar la cantidad de calcio total o ionizado en sangre; un aumento de la actividad de las glándulas paratiroideas que produce un aumento del calcio en suero, se asocia a hipertensión
    • TSH y T4 - para detectar y monitorizar algún tipo de disfunción tiroidea
    • Perfil lípidico - para evaluar las concentraciones de colesterol total, colesterol HDL, colesterol LDLy triglicéridos

    Existen otras pruebas más específicas que se pueden solicitar en función de la historia del paciente, de los hallazgos físicos y de los resultados de las pruebas citadas anteriormente, que facilitarán la detección, el diagnóstico y la monitorización del los trastornos que pueden causar hipertensión secundaria. Se incluyen:

    • Aldosterona y Renina - para facilitar la detección de una sobreproducción de aldosterona por parte de las glándulas suprarrenales (que puede deberse a la presencia de un tumor)
    • Cortisol - para detectar la sobreproducción de cortisol que puede deberse a la presencia de un síndrome de Cushing
    • Catecolaminas y metanefrinas - para medir adrenalina, noradrenalina y sus metabolitos; se utiliza para detectar la presencia de un feocromocitoma (tumor de las glándulas suprarenales) que puede causar episodios graves de hipertensión

    Otra pruebas diagnósticas ajenas al laboratorio
    Como parte del proceso diagnóstico y para facilitar la evaluación del estado de algunos órganos vitales, el médico puede solicitar una o varias de las pruebas complementarias siguientes:

    • ECG (Electrocardiograma) - para evaluar el ritmo cardiaco y posibles lesiones cardíacas
    • Examen ocular - examen de la retina para evaluar si hay cambios en los vasos sanguíneos (retinopatía)
    • Exploración física - para evaluar si existen soplos (sonido que hace la sangre al pasar por arterias estrchadas), saber si existe dolor abdominal a la presión, examinar la glándula tiroidea y el cuello para detectar aumentos de tamaño o signos de disfunción y detectar cualquier otro signo clínico que pudiera estar presente
    • Pruebas de imagen, como ecografías o radiografías de riñones o radiografías torácicas
  • Prevención y tratamiento

    Los cambios en el estilo de vida pueden disminuir el riesgo de sufrir hipertensión. En muchas personas con una hipertensión leve se pueden alcanzar unos niveles de presión normales manteniéndose en un peso ideal, haciendo ejercicio regularmente, limitando el consumo de alcohol y sal, y dejando de fumar; a veces este tratamiento es suficiente. Los riesgos asociados a sexo, raza y edad avanzada no desaparecen con los cambios en el estilo de vida y en muchos casos el plan de tratamiento incluye medicación para controlar la hipertensión.

    Existen muchos tipos de fármacos para controlar la hipertensión, con un mecanismo de acción distinto, atacando aspectos específicos de la regulación de la presión sanguínea. Con frecuencia, el paciente debe tomar un par de fármacos distintos para controlar la presión sanguínea. El médico le prescribirá el tipo de fármaco y la dosis que más se adapte a sus necesidades. Si desea más información, acceda a este enlace.

    En el caso de la hipertensión secundaria, si el trastorno que produce la hipertensión se puede resolver (como extirpando un tumor suprarrenal o suprimiendo una medicación) o controlar (como en la diabetes o en la enfermedad tiroidea), la presión sanguínea vuelve a valores normales o cercanos a la normalidad. Cuando no existe curación y el control del trastorno subyacente consiste únicamente en minimizar posibles daños futuros -como sucede en la enfermedad renal- la hipertensión se debe controlar mediante una combinación de fármacos, y el paciente debe ser controlado regularmente para ayudar a mantener las funciones órganicas y tratar los problemas agudos cuando surjan.

    Existen dos formas de hipertensión que deben tratarse de manera inmediata: la hipertensión asintomática, con más de 180/110 mmHg y la hipertensión maligna en la que la presión sanguínea se mantiene por encima de 210/120 mmHg; pueden requerir hospitalización para administrar los fármacos por vía intravenosa y para una monitorización estricta.

    Las mujeres embarazadas con preeclampsia (o toxemia) se deben controlar acudiendo de manera frecuente a la consulta del médico. La única solución real para la preeclampsia es el parto. Por otra parte, posponer el parto el mayor tiempo posible permite una mejor maduración del feto. Debe valorarse las ventajas e inconvenientes de cada una de las opciones, teniendo en cuenta el riesgo de la madre de sufrir convulsiones o lesiones orgánicas, situaciones graves que pueden poner en peligro la vida tanto de la madre como del bebé.

Bibliografía

NOTA: Este artículo está basado en las fuentes bibliográficas que se citan a continuación, así como en la propia experiencia del Comité de expertos y revisores de Lab Tests Online. Además, este apartado es revisado periódicamente por el Consejo Editorial, con el fin de mantenerlo actualizado.

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