Sepsis

29/11/2015

¿En qué consiste?

Sepsis es el nombre que recibe una respuesta inflamatoria sistémica grave, a veces potencialmente mortal, de causa bacteriana. La infección puede empezar en una parte del cuerpo y a continuación extenderse a la sangre (bacteriemia) y es posible que a otras localizaciones. Por ejemplo, una infección del tracto urinario puede propagarse desde la vejiga y/o los riñones hacia la sangre, diseminándose por todo el cuerpo, infectando a otros órganos.

A veces, para describir esta condición, se utiliza el término septicemia. Sin embargo, el término septicemia se refiere a la presencia de organismos patógenos como bacterias en el torrente sanguíneo, mientras que sepsis se refiere más concretamente a la respuesta del organismo frente a la infección.

Generalmente, el sistema inmunitario de una persona tiene un objetivo concreto, como una bacteria, y limita su respuesta a la zona infectada. En la sepsis, se produce una respuesta inflamatoria generalizada. Esto puede causar un aumento o descenso significativos de la temperatura corporal, aumento de la frecuencia cardíaca y de la respiración, y una disminución de la presión arterial. Si no se trata correctamente, la sepsis puede progresar a formas muy graves.

A medida que la sepsis se agrava, disminuye la cantidad de oxígeno transportado a los órganos y tejidos, se pueden formar coágulos de sangre en los capilares, y puede producirse un trasvase de líquidos de la sangre hacia los tejidos. Esto puede causar una acumulación de líquido en los pulmones y reducir la función respiratoria. En general, se altera el equilibrio ácido-base del organismo, la circulación se ve afectada, y los diferentes órganos como pulmones, riñones, e hígado, empiezan a fallar. En la última etapa de la sepsis, el shock séptico, puede producirse un fallo orgánico múltiple o fracaso multiorgánico (FMO), así como una presión arterial baja que no responde al tratamiento.

Aunque la sepsis generalmente se produce en personas hospitalizadas, también puede ocurrir en personas no hospitalizadas, por ejemplo que buscan atención en la unidad de urgencias de un hospital. Es más frecuente en recién nacidos y bebés, y en los ancianos. Otras personas que presentan riesgo de sepsis son aquellas con un traumatismo (por ejemplo, después de una cirugía), las personas con dispositivos médicos invasivos como catéteres, aquellas con enfermedades crónicas, y personas con un sistema inmunitario débil (inmunocomprometidas).

La sepsis es un problema sanitario importante, con altas tasas de mortalidad.

Acerca de la sepsis

Signos y síntomas

      

Los síntomas que se presentan dependen de los órganos afectados, de la gravedad de la situación, y del estado de salud general de la persona. Pueden ser inespecíficos, y en personas muy jóvenes y ancianos, pueden ser atípicos. Otras condiciones pueden presentar síntomas similares a los de la sepsis. Es muy importante distinguir rápidamente la sepsis de otras condiciones, puesto que el tratamiento es diferente.

Entre los signos y síntomas que se pueden presentar en una sepsis, se incluye:

  • Fiebre (aumento de la temperatura corporal) o frío (descenso de la temperatura corporal).
  • Escalofríos.
  • Aumento de la frecuencia respiratoria.
  • Aumento de la frecuencia cardíaca.
  • Cansancio.
  • Dolor de cabeza.

Existen signos y síntomas adicionales que pueden indicar la progresión hacia una sepsis grave, en la que los órganos empiezan a fallar. Entre estos, se incluye:

  • Confusión, cambios del humor.
  • Ansiedad.
  • Disminución de la frecuencia de micción (disfunción renal).
  • Dolor abdominal.
  • Náuseas y vómitos.
  • Dificultad para respirar, tos.
  • Dolor en el pecho (el corazón no funciona correctamente).
  • Dolor pélvico.
  • Manchas en la piel.

Los signos y síntomas de un shock séptico pueden incluir todos los listados anteriormente y además una fuerte disminución de la presión arterial.

Pruebas relacionadas

Las pruebas se solicitan para ayudar a diagnosticar la sepsis, distinguirla de otras condiciones, y evaluar y monitorizar la función de los órganos de la persona afectada, la oxigenación de la sangre, y el equilibrio ácido-base.

Pruebas de laboratorio

Estas pruebas pueden incluir:

  • Tinción de Gram: para detectar e identificar el tipo de bacterias presentes en una muestra obtenida del área sospechosa de infección.
  • Hemocultivo: para detectar la presencia de bacterias en sangre y evaluar su susceptibilidad a los antibióticos (antibiograma).
  • Cultivo de orina y cultivos de otros fluidos biológicos: para identificar la fuente y el tipo de infección.
  • Procalcitonina: a veces se utiliza para diferenciar la sepsis de otras condiciones que causan síntomas similares; las concentraciones de procalcitonina en sangre aumentan rápidamente y de manera significativa cuando existe una sepsis.
  • Hemograma: evalúa los hematíes, leucocitos y plaquetas.
  • Lactato: concentraciones elevadas pueden indicar una disfunción orgánica.
  • Gases en sangre: para evaluar el grado de oxigenación de la sangre y el equilibrio ácido-base.
  • Tiempo de trombina y/o tiempo de tromboplastina parcial u otras pruebas de coagulación: para evaluar el estado de coagulación.
  • Proteína C reactiva (PCR): para detectar la presencia de inflamación en el cuerpo.

Además de las pruebas citadas anteriormente, si se sospecha que existe infección del sistema nervioso central (meningitis), puede solicitarse un análisis del líquido cefalorraquídeo.

Pueden solicitarse otras pruebas que sirvan de ayuda para evaluar el estado de salud general o identificar o descartar otras condiciones, como marcadores cardíacos para identificar un infarto agudo de miocardio.

Pruebas no relacionadas con el laboratorio

Estas pruebas pueden solicitarse para evaluar el estado de diferentes órganos, detectar complicaciones, e identificar la localización de la infección.

  • Electrocardiograma: para evaluar el ritmo cardíaco o lesiones.
  • Radiografía.
  • TC (tomografía computarizada).
  • RM (resonancia magnética).
  • Ultrasonidos.

Si desea más información acerca del diagnóstico con pruebas de imagen, refiérase a la página web RadiologyInfo.org.

Tratamiento

La sepsis puede tener consecuencias clínicas muy graves (morbilidad) y tiene un índice de muerte elevado (mortalidad). El éxito del tratamiento de la sepsis depende de un diagnóstico precoz y de la correcta identificación de la bacteria específica responsable. Ello puede ser complicado puesto que los síntomas de la sepsis no son específicos a ella.

Es muy importante iniciar el tratamiento lo antes posible y monitorizar la persona afectada atentamente. El tratamiento puede empezar en la unidad de urgencias del hospital y generalmente continúa su monitorización en la unidad de cuidados intensivos (UCI).

El objetivo principal del tratamiento es solucionar la infección, estabilizar la presión arterial y el suministro de oxígeno, restablecer el equilibrio ácido-base, y mantener la funcionalidad de los órganos.

Generalmente se administran antibióticos de amplio espectro por vía intravenosa. Una vez se ha identificado la bacteria responsable de la sepsis se puede modificar el tratamiento para utilizar una terapia más específica.

Se administran fluidos por vía intravenosa para ayudar a mejorar y estabilizar la presión arterial. Algunas veces es necesario administrar fármacos que producen una vasoconstricción de los vasos sanguíneos provocando un aumento de la presión arterial.

Puede ser necesario el aporte suplementario de oxígeno, y a veces ventilación respiratoria mecánica para ayudar a respirar.

Cuando los órganos empiezan a fallar puede ser necesario dar soporte, como por ejemplo con diálisis renal.

Algunas veces es necesario realizar una intervención quirúrgica para retirar dispositivos médicos como catéteres que pueden constituir posibles fuentes de infección, para drenar abscesos o fluidos, para eliminar y/o reparar tejidos dañados, o para eliminar obstrucciones.

Enlaces

Sepsis Alliance
International Sepsis Forum
Society of Critical Care Medicine: Surviving Sepsis Campaign

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